lunes, 2 de marzo de 2026

UNION BENEFICA ASTILLERENSE cuadro artístico en Astillero (1921-1932)

 



Leocadio Otero, quien fue presidente de la Unión Benefica Astillerense y tambien lo fue 
del Unión Club.


En el año 1921, se había organizado en la localidad un Cuadro Artístico con el título "Unión Benéfica Astillerense", cuyo objeto principal era destinar la recaudación de sus veladas a los soldados del municipio destinados en África.

No sólo a los soldados astillerenses, sino que también en algunas ocasiones alcanzaron los beneficios a las familias más necesitadas del Astillero.

Como también se organizaron veladas a beneficios de familias pobres del Ayuntamiento, que lo solicitaron para atender a enfermedades de sus familias y a otros fines benéficos.

Fue mucho la labor humanitaria que lograron alcanzar y en ello se destacaría el trabajo del entonces director, don Enrique Valles, que con el mayor desinterés y con gran entusiasmo consiguió mantener durante unos años la agrupación.

A su fallecimiento, fue elegido presidente don Leocadio Otero.

Pronto llegó a desaparecer el Cuadro Artístico, tras dos años de existencia.

 

A primero del año 1932, con elementos de la extinguida entidad artística mencionada y otros componentes nuevos, se organizó un nuevo Cuadro artístico, cuyo objeto era el mismo de la anterior, que con sus recaudación atender las necesidades que el paro forzoso había creado en el Ayuntamiento, aumentando si fuera posible, el número de raciones de comida que se venía repartiendo entre las familias más necesitadas del municipio.

Los ensayos de la primera obra que el nuevo Cuadro tenía previsto poner en escena, lo tenían muy adelantado y en breve organizarían una velada, que prometía ser un éxito tanto artístico como económico.

Recién creado el nuevo Cuadro artístico, quedaba por bautizar el título y pronto lo asignaron, siendo, como el anterior "Unión Benéfica Astillerense".

 

El sábado 20 de febrero de 1932, se celebró la velada anunciada organizada por Unión Benéfica Astillerense, a beneficios de los obreros en paro forzoso poniendo en escena la regocijante obra en tres actos "'Qué hombre tan simpático!".

La velada fue amenizada en los entreactos por los jóvenes de la localidad, Manolo Fernández, pianista y Herminio Tella, violinista, quienes deleitaron al público con las obras interpretadas, cosechando clamorosos ovaciones.

La obra fue puesta en escena con toda clase de detalles, lo mismo en el decorado que en el vestuario y antes de empezar, uno de los actores, Marcelino Tarrero, dirigió al público unas breves palabras para elogiar a los componentes del Cuadro Artístico. Sus palabras fueron acogidas con cariñosa ovación.

Los noveles actores y las lindas actrices se esmeraron por complacer al público y lo consiguieron, pues todos elogiaron la actuación de esos aficionados, sobresaliendo Alfredo Quevedo (padre) y Ricardo Fernández; la señora Maria Valles y señoritas, Ricarda Gómez, Ángeles Peñalva y Maria Luisa Safont.

Todas ellas fueron objeto de grandes elogios muy merecidos. El trió de doctores, compuesto por Ramón Ripalda, Tomás Garcia Vicente y Alfredo Quevedo (hijo), respectivamente interpretaron sus papeles admirablemente y causaron constante hilaridad en el auditorio.

Como también, Lorenzo Casuso, Marcelino Tarrero, Jacinto López, Antonio Egurencia y el niño Tarrero. El antiguo aficionado don Gabino Gómez hizo las delicias del público con sus morcillas y con su vía cómica.

Durante uno de los entreactos se hizo la rifa de una bonita alfombra y de un juego de mantelería, regalos donados por la señora viuda de Manuel Selaya.

La velada se volvió a repetir en la tarde del domingo, a petición de muchas familias de la localidad con idéntico programa, y como final de la fiesta, el director del Cuadro, señor José del Campo, declamó un emocionante monólogo titulado "Inocencia".

En uno de los intermedios se rifó una preciosa colcha de encaje, regalo de una persona anónima.

En nombre del cuadro Unión Benéfica Astillerense y de los obreros sin trabajo, se dieron las gracias a todo el público astillerense que acudieron a las veladas; al dueño del Salón-Teatro, don Eugenio Cortabitarte, que, además de hacer una notable rebaja en el alquiler del local, donó con 25 pesetas; al taquillero, Antonio Corrales, que cedió sus derechos y donó además cinco pesetas; al acomodador, Florencio Calderón, que también hizo cesión de sus derechos; al jefe de la tramoya, Pedro Arnuero, que igualmente hizo donación de ellos y del importe de otros trabajos en el decorado; a los señores Fernández y Tella, que amenizaron la velada gratuitamente; a la viuda de Selaya, por su regalos.

 

En septiembre de 1932, la Compañía de Norberta Perlá, hacia días que venían actuando en la localidad y que se encontraba en un plano artístico muy destacable y que había complacido al público en sus actuaciones.

 

Con las tres últimas funciones celebradas en el Salón Cortabitarte, el sábado, domingo y el lunes, por la Sociedad Benéfica Astillerense, se despidió la notable Compañía Norberta Perla, del público de Astillero, pletóricos del triunfo artístico conseguido.

 

El lunes 3 de octubre de 1932, se celebró en el Salón Cortabitarte la velada organizada por el Cuadro Artístico Unión Benéfica Astillerense a beneficio de la compañía Perlá, que atravesaba problemas económicos para desplazarse a actuar en Portugalete.

Se puso en escena la divertida comedia ¡Qué hombre tan simpático!, y en ella tomaron parte algunos elementos de la citada compañía.

El numeroso público salió satisfecho de la fiesta benéfica y gracia a ello, la compañía Perlá, pudo actuar en la localidad vizcaína.