Leocadio Otero, quien fue presidente de la Unión Benefica Astillerense y tambien lo fue
del Unión Club.
En el año
1921, se había organizado en la localidad un Cuadro Artístico con el título
"Unión Benéfica Astillerense", cuyo objeto principal era destinar la
recaudación de sus veladas a los soldados del municipio destinados en África.
No sólo a
los soldados astillerenses, sino que también en algunas ocasiones alcanzaron
los beneficios a las familias más necesitadas del Astillero.
Como también
se organizaron veladas a beneficios de familias pobres del Ayuntamiento, que lo
solicitaron para atender a enfermedades de sus familias y a otros fines
benéficos.
Fue mucho la
labor humanitaria que lograron alcanzar y en ello se destacaría el trabajo del
entonces director, don Enrique Valles, que con el mayor desinterés y con gran
entusiasmo consiguió mantener durante unos años la agrupación.
A su
fallecimiento, fue elegido presidente don Leocadio Otero.
Pronto llegó
a desaparecer el Cuadro Artístico, tras dos años de existencia.
A primero del año 1932, con elementos de la extinguida entidad artística mencionada y otros componentes nuevos, se organizó un nuevo Cuadro artístico, cuyo objeto era el mismo de la anterior, que con sus recaudación atender las necesidades que el paro forzoso había creado en el Ayuntamiento, aumentando si fuera posible, el número de raciones de comida que se venía repartiendo entre las familias más necesitadas del municipio.
Los ensayos
de la primera obra que el nuevo Cuadro tenía previsto poner en escena, lo tenían
muy adelantado y en breve organizarían una velada, que prometía ser un éxito
tanto artístico como económico.
Recién
creado el nuevo Cuadro artístico, quedaba por bautizar el título y pronto lo
asignaron, siendo, como el anterior "Unión Benéfica Astillerense".
El sábado 20
de febrero de 1932, se celebró la velada anunciada organizada por Unión
Benéfica Astillerense, a beneficios de los obreros en paro forzoso poniendo en
escena la regocijante obra en tres actos "'Qué hombre tan
simpático!".
La velada
fue amenizada en los entreactos por los jóvenes de la localidad, Manolo
Fernández, pianista y Herminio Tella, violinista, quienes deleitaron al público
con las obras interpretadas, cosechando clamorosos ovaciones.
La obra fue
puesta en escena con toda clase de detalles, lo mismo en el decorado que en el
vestuario y antes de empezar, uno de los actores, Marcelino Tarrero, dirigió al
público unas breves palabras para elogiar a los componentes del Cuadro Artístico.
Sus palabras fueron acogidas con cariñosa ovación.
Los noveles
actores y las lindas actrices se esmeraron por complacer al público y lo
consiguieron, pues todos elogiaron la actuación de esos aficionados,
sobresaliendo Alfredo Quevedo (padre) y Ricardo Fernández; la señora Maria
Valles y señoritas, Ricarda Gómez, Ángeles Peñalva y Maria Luisa Safont.
Todas ellas
fueron objeto de grandes elogios muy merecidos. El trió de doctores, compuesto
por Ramón Ripalda, Tomás Garcia Vicente y Alfredo Quevedo (hijo),
respectivamente interpretaron sus papeles admirablemente y causaron constante
hilaridad en el auditorio.
Como
también, Lorenzo Casuso, Marcelino Tarrero, Jacinto López, Antonio Egurencia y
el niño Tarrero. El antiguo aficionado don Gabino Gómez hizo las delicias del
público con sus morcillas y con su vía cómica.
Durante uno
de los entreactos se hizo la rifa de una bonita alfombra y de un juego de mantelería,
regalos donados por la señora viuda de Manuel Selaya.
La velada se
volvió a repetir en la tarde del domingo, a petición de muchas familias de la
localidad con idéntico programa, y como final de la fiesta, el director del
Cuadro, señor José del Campo, declamó un emocionante monólogo titulado
"Inocencia".
En uno de
los intermedios se rifó una preciosa colcha de encaje, regalo de una persona
anónima.
En nombre
del cuadro Unión Benéfica Astillerense y de los obreros sin trabajo, se dieron
las gracias a todo el público astillerense que acudieron a las veladas; al
dueño del Salón-Teatro, don Eugenio Cortabitarte, que, además de hacer una
notable rebaja en el alquiler del local, donó con 25 pesetas; al taquillero,
Antonio Corrales, que cedió sus derechos y donó además cinco pesetas; al
acomodador, Florencio Calderón, que también hizo cesión de sus derechos; al
jefe de la tramoya, Pedro Arnuero, que igualmente hizo donación de ellos y del
importe de otros trabajos en el decorado; a los señores Fernández y Tella, que
amenizaron la velada gratuitamente; a la viuda de Selaya, por su regalos.
En
septiembre de 1932, la Compañía de Norberta Perlá, hacia días que venían
actuando en la localidad y que se encontraba en un plano artístico muy
destacable y que había complacido al público en sus actuaciones.
Con las tres
últimas funciones celebradas en el Salón Cortabitarte, el sábado, domingo y el
lunes, por la Sociedad Benéfica Astillerense, se despidió la notable Compañía
Norberta Perla, del público de Astillero, pletóricos del triunfo artístico
conseguido.
El lunes 3
de octubre de 1932, se celebró en el Salón Cortabitarte la velada organizada
por el Cuadro Artístico Unión Benéfica Astillerense a beneficio de la compañía
Perlá, que atravesaba problemas económicos para desplazarse a actuar en
Portugalete.
Se puso en
escena la divertida comedia ¡Qué hombre tan simpático!, y en ella tomaron parte
algunos elementos de la citada compañía.
El numeroso
público salió satisfecho de la fiesta benéfica y gracia a ello, la compañía
Perlá, pudo actuar en la localidad vizcaína.

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