En las
fechas de mayo de 1956, se estaba modificando el entorno de La Planchada por
las obras de construcción de un grupo de viviendas protegidas en esa zona.
Además de la
desaparición de unos de los últimos vestigios del Astillero, el
"Cañón", símbolo histórico que representaba la presencia de la Armada
de Castillo en el pueblo.
Muy pocos
hoy, llegaron a conocer "El Cañón" solo quedó el recuerdo del lugar
en donde se encontraba ubicado.
En su época
El Cañón donde se guardaba el último reducto que poseía la bahía se encontraba
enclavado en una torreta de piedra rodeada de agua en casi su totalidad y junto
a la ría donde se construyeron los últimas embarcaciones en El Astillero.
El "Cañón", era una reliquia que Astillero
guardaba desde tiempo inmemorial, y grande fue la sorpresa y la indignación del
pueblo, cuando se enteraron que había sido vendido a don Salustiano Conde.
A ese respecto, el Ayuntamiento dirigió al
señor Gobernador civil de la Provincia, un oficio que textualmente decía:
* Contestando a la comunicación de V.S. núm.
1655, de 8 del corriente, debo manifestar que "El Cañón" inútil a que
se refiere y que ha sido adquirido en venta por don Salustiano Conde, se halla
adornando un paseo público de este pueblo y se ha considerado siempre como de
la propiedad del Ayuntamiento, pues que viene poseyéndolo desde tiempo
inmemorial a título de dueño y es tal la estima en que el pueblo le tiene que
de ninguna manera consciente que se le arrebate y al efecto ha elevado una
respetuosa instancia al Ministerio de Guerra, en demanda de la concesión por el
tanto en que haya sido enajenado o computado su valor de hierro inútil, para
adquirirle igualmente por suscripción entre el pueblo, preferencia que debe
concedérsele en atención a que se ha poseído tantísimos años y se consideraba
su legítimo dueño y porque desconoce aún hoy el modo y forma de la venta. Por
tanto, en nombre del pueblo, ruego a V.S. se sirva manifestar al señor Conde
que suspenda por ahora el acto de toma de posesión del cañón que pretende
realizar, pues así lo pide el vecindario en general y conviene al orden
público, que en caso contrario no respondo de garantizar, Astillero, 12 octubre
de 1897. El Astillero, Tomás Tijero. *
El reducto de "El Cañón" fue a lo
largo de los años, motivo de controversias sobre si debía ser o no demolido.
En el año 1936, volvió a ponerse este asunto
sobre el tapete, pero en esta ocasión no se anduvieron por las ramas. Se demolió
en el mes de mayo de este año, bajo la dirección del Técnico municipal y
Aparejador, don Angel Vega Lloreda, sin mayor oposición por otra parte de la
vecindad, muy afectada entonces por graves problemas sociales. Costó el trabajo
651 pesetas.
Aparecieron en el cimiento algunas monedas de
cobre de las que sin duda circulaban cuando se construyó. Llevaban la efigie de
Carlos III y la de fecha más reciente se acuñó en el año 1782. El reducto de La
Planchada se debió construir, pues, al mismo tiempo que el arco de triunfo
erigido en La Cavada en el año 1784, a la memoria del mencionado Rey, y
precisamente para defender no el Real Astillero de Guarnizo cuya actividad ya había
cesado, sino la Real Fábrica de La Cavada, que entonces se encontraba a pleno
rendimiento.
Cabría también pensar que cuando se
depositaron las monedas en el cimiento del reducto, no se tratase de su
construcción original, sino de la reconstrucción de otro preexistente, en cuyo
caso habría que remontar su origen a época más lejana.
El Cañón, símbolo glorioso de toda una época,
fue perdiendo gradualmente con el tiempo su valor sentimental y afectivo. Hoy
pertenece ya, como tantas otras cosas, al pasado, a la pequeña e intima
historia local. *
(Crónica de Astillero, de Nemesio
Mercapide)
Hablando de
cañones, podemos citar a los cuatro cañones que se encuentran en el exterior
junto a la Iglesia de Muslera y que son conservados como recuerdo de la
historia de aquellos Reales Astilleros.
Cuando se
terminó la construcción del paseo marítimos, el alcalde quiso colocar en sitio
visible un cañón que recordarse a aquel que, durante siglos, había protegido a
los Reales Astillero. Tuvo que mandar fundir uno bastante cochambroso, porque
el autentico, el del siglo XVIII, había sido vendido años antes por diez
pesetas a un chatarrero afortunado.
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