El domingo 23 de noviembre de
1924., por la noche tuvo lugar en el Gran Cinema el anunciado festival
artístico que organizó La Coral de Santander, y en que tomaron parte, con el
notable y aplaudido orfeón santanderino, los de Peñacastillo,
Astillero-Guarnizo y Valle de Camargo.
Este festival se celebró en honor
a las fiestas de San Cecilia.
Con las masas corales de estos
pueblos próximos, donde el concierto había despertado el más vivo interés,
vinieron muchas personas que se trasladaron a la capital en tranvías, autos y
camiones.
Comenzó el festival a las diez y
cuarto, con una puntualidad que hacía honor a sus organizadores y orfeonistas.
Se había dispuesto que las masas
corales cantaran por orden de antigüedad, empezando por las de fundación más
reciente.
Al levantarse el talón y aparecer
en el escenario el orfeón La Lira de Peñacastillo -el más moderno de los que
tomaron parte en el concierto- estalló una ovación unánime, que duró largo
rato, y que se repitió al saludar el abanderado con la enseña de la masa coral,
que es valiosa y de mucho gusto.
La obra de representación fue el
coro de Rillé titulado "El adiós del recluta".
El orfeón produjo una excelente impresión en el
público, que aplaudió con verdadero entusiasmo a los cantantes y a su director,
don R. Hornedo (hijo).
Para corresponder a las ovaciones
del público, hubo de cantar La Lira fuera de programa una bonita barcarola, que
gustó mucho.
Actuó en segundo lugar el orfeón
de Astillero-Guarnizo, que dirigía don Jesús Soto.
Se le acogió con vivísimas
muestras de simpatía, estallando en su honor una ovación muy prolongada al
presentarse en escena.
Durante unos minutos tuvo que
esperar el orfeón a que cesaran los aplausos.
Una vez hecho el silencio cantó
el orfeón el brioso coro de Vives "El emigrante", que le valió una
ovación estruendosa.
La hermosa melodía montañesa de
G. del Diestro "La vi llorando" de mucho sabor, gustó muchísimo,
tanto que el auditorio quedó con ganas de oírla, por segunda vez.
Al cantar el orfeón de
Astillero-Guarnizo, la sardana de Morera "L'Ampurdá" que tanto se ha
popularizado ya, el entusiasmo de los espectadores se desbordó en una
estruendosa ovación, que no cesó hasta que la masa coral se dispuso a cantar
una deliciosa alborada, letra de Otero y música de Soto, que gustó mucho.
Ante la insistencia de los
aplausos, el orfeón regaló al auditorio con el coro "Los tres
tambores", de Morera.
El orfeón de Astillero-Guarnizo,
nutrido bien disciplinado, respondiendo muy bien a la hábital batuta de su
director y denotando en lo bien conjuntado de las obras abundancia de ensayos,
obtuvo un gran éxito.
A continuación cantó el orfeón
del Valle de Camargo que dirigía, don Arecio Olivares.
Tanto el coro de Retana "Las
tres" como el magnífico coro montañés del inspirado compositor Carre
"Luz y sombras" fueron cantados admirablemente por el orfeón de
Camargo que dejó la más grata impresión en el público.
Las dos obras fueron ovacionadas
largamente y el orfeón hubo de cantar fuera de programa, ante la insistencia
del auditorio, el coro de Thoma, "El Rhin", que se le aplaudió muchísimo.
El orfeón de Camargo tenia
excelentes voces, de las que había sabido sacar partido hábilmente el señor
Olivares -inteligente director cuya pericia y buen gusto se había puesto de
relieve en renombradas entidades musicales- y si continuase estudiando y
matizando las obras como las que cantó el domingo, ha de obtener muchos
triunfos tan legítimos como el de anteanoche.
La segunda parte del programa
estuvo a cargo de La Coral de Santander.
La prestigiosísima entidad artística
santanderina fue acogida con atronadores aplausos por el público.
Los orfeonistas, que debían
sentirse orgullosos del éxito obtenido por el festival artístico, cantaron como
en los días de sus mayores triunfos.
Dieron la impresión de seguridad,
de dominio de las obras, de disciplinada y sumisa obediencia a la batuta, que
son signos de perfección y madurez.
La Coral es ya un orfeón que
puede acometer todas las empresas, afrontar los torneos artísticos y optar al
triunfo.
Todas las obras que componían el
programa -seleccionado con el mayor acierto- obtuvieron una admirable
interpretación y todas fueron muy aplaudidas; pero el éxito de La Coral culminó
en las dos sardanas de Morera, el coro del padre Otaño titulado "La
Montaña", la obra maestra de la música sacra "O vos omnes", de
Victoria, y en el delicioso "Molondrón", de Sáez de Adana, que el
orfeón cantó magistralmente.
Entusiasmado el público, hizo
repetir, entre estruendosos aplausos, "Las sardana de las monjas", de
Morera.
El concierto terminó cantando La
Coral, fuera de programa, la jota navarra de Brull, que el público premió con
una ovación delirante.
El éxito artístico del festival
es superior a todo elogio y La Coral merece los más calurosos elogios por la
plausible iniciativa de reunir en un concierto a los orfeones que se han creado
en la provincia.
Mucho ha hecho la notable masa
coral santanderina por la cultura musical de la provincia; pero con ser ello
muy plausible, aun lo es más este noble y generoso tesón con que La Coral
procura alentar la creación de orfeones en los pueblos de la provincia que
tienen elementos para fundar estas agrupaciones musicales de tanta eficacia
para la educación artística de las multitudes.
Para tomar parte en este festival
vinieron a Santander los orfeones de Astillero-Guarnizo, Valle de Camargo y
Peñacastillo.
Llegaron a la avenida de Alfonso
XIII en tranvías especiales, a las nueve y media de la mañana.
Allí les esperaban La Coral y la
Banda municipal de Santander, además de muchísimas personas.
Después se organizó la comitiva,
yendo en cabeza la Banda municipal, y dirigiéndose todos a la iglesia de San
Francisco, donde se celebró a las diez una solemne función religiosa.
La Coral, en unión de la Alianza
Musical, ejecutaron la misa de Max Filke, que obtuvo una interpretación
irreprochable.
También fueron cantados
magistralmente, la melodía religiosa de Viadana, "O Sacrum
convivium", y en el ofertorio, la sublima "Ave Maria", de
Victoria.
Al alzar, la Banda municipal
ejecutaría la marcha real".
Terminada la función religiosa, a
la que asistió un número considerable de fieles, que llenaba por completo el
templo, se organizó la comitiva en la forma que anteriormente, encaminándose a
la Escuela de Industrias, donde La Coral obsequió con pastas y licores a los
orfeonistas invitados.
Por la noche se celebró ya el
festival anunciado en el Gran Cinema.
A la salida del festival, los
orfeonistas astillerenses partieron en tranvía a Astillero, a la una de la mañana.
Ese día en el Gran Cinema antes
de este festival, se proyectó dos películas cinematográfica y el lunes se
anunciaba un estreno grandioso de la película LA MODERNA DALILA.


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