sábado, 18 de julio de 2026

ORFEON ASTILLERO-GUARNIZO el 25 noviembre de 1924

 



Las banderas de las corales con JESUS SOTO director del Orfeón Astillero-Guarnizo


El domingo 23 de noviembre de 1924., por la noche tuvo lugar en el Gran Cinema el anunciado festival artístico que organizó La Coral de Santander, y en que tomaron parte, con el notable y aplaudido orfeón santanderino, los de Peñacastillo, Astillero-Guarnizo y Valle de Camargo.

Este festival se celebró en honor a las fiestas de San Cecilia.

Con las masas corales de estos pueblos próximos, donde el concierto había despertado el más vivo interés, vinieron muchas personas que se trasladaron a la capital en tranvías, autos y camiones.

Comenzó el festival a las diez y cuarto, con una puntualidad que hacía honor a sus organizadores y orfeonistas.

Se había dispuesto que las masas corales cantaran por orden de antigüedad, empezando por las de fundación más reciente.

Al levantarse el talón y aparecer en el escenario el orfeón La Lira de Peñacastillo -el más moderno de los que tomaron parte en el concierto- estalló una ovación unánime, que duró largo rato, y que se repitió al saludar el abanderado con la enseña de la masa coral, que es valiosa y de mucho gusto.

La obra de representación fue el coro de Rillé titulado "El adiós del recluta".

El  orfeón produjo una excelente impresión en el público, que aplaudió con verdadero entusiasmo a los cantantes y a su director, don R. Hornedo (hijo).

Para corresponder a las ovaciones del público, hubo de cantar La Lira fuera de programa una bonita barcarola, que gustó mucho.

Actuó en segundo lugar el orfeón de Astillero-Guarnizo, que dirigía don Jesús Soto.

Se le acogió con vivísimas muestras de simpatía, estallando en su honor una ovación muy prolongada al presentarse en escena.

Durante unos minutos tuvo que esperar el orfeón a que cesaran los aplausos.

Una vez hecho el silencio cantó el orfeón el brioso coro de Vives "El emigrante", que le valió una ovación estruendosa.

La hermosa melodía montañesa de G. del Diestro "La vi llorando" de mucho sabor, gustó muchísimo, tanto que el auditorio quedó con ganas de oírla, por segunda vez.

Al cantar el orfeón de Astillero-Guarnizo, la sardana de Morera "L'Ampurdá" que tanto se ha popularizado ya, el entusiasmo de los espectadores se desbordó en una estruendosa ovación, que no cesó hasta que la masa coral se dispuso a cantar una deliciosa alborada, letra de Otero y música de Soto, que gustó mucho.

Ante la insistencia de los aplausos, el orfeón regaló al auditorio con el coro "Los tres tambores", de Morera.

El orfeón de Astillero-Guarnizo, nutrido bien disciplinado, respondiendo muy bien a la hábital batuta de su director y denotando en lo bien conjuntado de las obras abundancia de ensayos, obtuvo un gran éxito.

A continuación cantó el orfeón del Valle de Camargo que dirigía, don Arecio Olivares.

Tanto el coro de Retana "Las tres" como el magnífico coro montañés del inspirado compositor Carre "Luz y sombras" fueron cantados admirablemente por el orfeón de Camargo que dejó la más grata impresión en el público.

Las dos obras fueron ovacionadas largamente y el orfeón hubo de cantar fuera de programa, ante la insistencia del auditorio, el coro de Thoma, "El Rhin", que se le aplaudió muchísimo.

El orfeón de Camargo tenia excelentes voces, de las que había sabido sacar partido hábilmente el señor Olivares -inteligente director cuya pericia y buen gusto se había puesto de relieve en renombradas entidades musicales- y si continuase estudiando y matizando las obras como las que cantó el domingo, ha de obtener muchos triunfos tan legítimos como el de anteanoche.

La segunda parte del programa estuvo a cargo de La Coral de Santander.

La prestigiosísima entidad artística santanderina fue acogida con atronadores aplausos por el público.

Los orfeonistas, que debían sentirse orgullosos del éxito obtenido por el festival artístico, cantaron como en los días de sus mayores triunfos.

Dieron la impresión de seguridad, de dominio de las obras, de disciplinada y sumisa obediencia a la batuta, que son signos de perfección y madurez.

La Coral es ya un orfeón que puede acometer todas las empresas, afrontar los torneos artísticos y optar al triunfo.

Todas las obras que componían el programa -seleccionado con el mayor acierto- obtuvieron una admirable interpretación y todas fueron muy aplaudidas; pero el éxito de La Coral culminó en las dos sardanas de Morera, el coro del padre Otaño titulado "La Montaña", la obra maestra de la música sacra "O vos omnes", de Victoria, y en el delicioso "Molondrón", de Sáez de Adana, que el orfeón cantó magistralmente.

Entusiasmado el público, hizo repetir, entre estruendosos aplausos, "Las sardana de las monjas", de Morera.

El concierto terminó cantando La Coral, fuera de programa, la jota navarra de Brull, que el público premió con una ovación delirante.

El éxito artístico del festival es superior a todo elogio y La Coral merece los más calurosos elogios por la plausible iniciativa de reunir en un concierto a los orfeones que se han creado en la provincia.

Mucho ha hecho la notable masa coral santanderina por la cultura musical de la provincia; pero con ser ello muy plausible, aun lo es más este noble y generoso tesón con que La Coral procura alentar la creación de orfeones en los pueblos de la provincia que tienen elementos para fundar estas agrupaciones musicales de tanta eficacia para la educación artística de las multitudes.

Para tomar parte en este festival vinieron a Santander los orfeones de Astillero-Guarnizo, Valle de Camargo y Peñacastillo.

Llegaron a la avenida de Alfonso XIII en tranvías especiales, a las nueve y media de la mañana.

Allí les esperaban La Coral y la Banda municipal de Santander, además de muchísimas personas.

Después se organizó la comitiva, yendo en cabeza la Banda municipal, y dirigiéndose todos a la iglesia de San Francisco, donde se celebró a las diez una solemne función religiosa.

La Coral, en unión de la Alianza Musical, ejecutaron la misa de Max Filke, que obtuvo una interpretación irreprochable.

También fueron cantados magistralmente, la melodía religiosa de Viadana, "O Sacrum convivium", y en el ofertorio, la sublima "Ave Maria", de Victoria.

Al alzar, la Banda municipal ejecutaría la marcha real".

Terminada la función religiosa, a la que asistió un número considerable de fieles, que llenaba por completo el templo, se organizó la comitiva en la forma que anteriormente, encaminándose a la Escuela de Industrias, donde La Coral obsequió con pastas y licores a los orfeonistas invitados.

Por la noche se celebró ya el festival anunciado en el Gran Cinema.

A la salida del festival, los orfeonistas astillerenses partieron en tranvía a Astillero, a la una de la mañana.

 

Ese día en el Gran Cinema antes de este festival, se proyectó dos películas cinematográfica y el lunes se anunciaba un estreno grandioso de la película LA MODERNA DALILA.






 
















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