En agosto de 1935, continuaban los actos preparativitos por los bomberos de
la provincia, en la fiestas de confraternidad y al homenaje a un ilustre
personalidad santanderina: a don Rafael Botín y Sánchez de Porrúa.
El día 26 de
agosto, a las diez de la mañana, comenzó la concentración de los bomberos de la
provincia en el lugar del Empalme de
Peñacastillo.
Se reunieron
en dicho lugar, los bomberos de los dos Cuerpos de Santander, los de
Torrelavega, Reinosa y Astillero, cada uno al mando de sus jefes respectivos.
Ya reunidos
todos los bomberos se dirigieron con su respectivo material al cementerio de
Ciriego. En este lugar, correctamente formados, se encaminaron al monumento que
perpetuaba la catástrofe del Machichado y sobre el que el señor Botín y Sánchez
de Porrúa, profundamente emocionado, depósito un precioso ramo de flores.
A
continuación y siempre con la misma recogedora actitud, se dirigieron todos los
bomberos presididos por sus jefes, a las tumbas donde reposan los cuerpos de
los infortunados bomberos, Hoyuela y Roviralta, muertos, como se recordarían en
el cumplimiento de su deber.
También en
sentido homenaje a su memoria, el jefe de honor de todos los Cuerpos de
bomberos de la provincia, depositó, en nombre de éstos, otro ramo de flores.
Seguidamente,
y por el paseo de Sánchez de Porrúa, Sardinero, Avenida de Pablo Iglesias y
Martillo, dirigiéndose todos los bomberos al parque de los municipales.
Formaron
todos los bomberos y los pasó revista su jefe de honor.
Se hicieron
unas fotografías y se trasladaron al parque de los bomberos voluntarios
en Numancia, sitio elegido para el banquete.
El parque de
los bomberos se había adornado como la solemnidad del día lo reclamaba y como
aconsejaba el homenaje que se iba a rendir a su ilustre jefe.
Ocupó éste
la mesa presidencial, sentándose a su lado los consejeros señores don Valentín
Azpilicueta, don Agustin González Trevilla, don Jaime Ribalaygua, don Atilano
Vaquero, don Ernesto Alday, don Ramón Arrarte, don Ricardo Ruiz Pellón y don
José Cabrillo; el médico de Astillero, don Luis Rozas, y el médico jefe de los
bomberos de Santander, don Joaquin Manzanos.
En otra de las mesas, se sentaron los jefes de
bomberos de Santander, Torrelavega, Reinosa y Astillero. Y en las demás mesas, alrededor de unos trescientos bomberos.
Los
componentes que formaban el Cuerpo de bomberos municipales, solicitaron al
Ayuntamiento que, por méritos y de agradecimientos se nombrase jefe honorario
de dicho Cuerpo, a don Rafael Botín, concediéndose, además la Medalla de la
Ciudad de Santander.
Todo esto
merecido, porque el señor Botín, durante más de veinte años, había sido jefe de
los bomberos voluntarios.
Se señalo
que desde que el señor Botín se hizo cargo de esa jefatura, procuró aumentar la
recaudación, mejorar los sueldos de la guardia fija, adquirir nuevo material,
haciendo así que el Cuerpo de bomberos voluntarios por esas fechas no tenía
nada que envidiar a otros Cuerpos de España.
En el acto
se pronunciaron varios discursos, todos en adhesión y de afecto, al señor Botín
Sánchez de Porrúa y los jefes de los bomberos de Torrelavega, de Reinosa y de
Astillero, se declararon orgullosos de verse mandados por una persona de
grandes cualidades.
Finalmente,
fue el discurso del señor Botín, elocuente y lírico, como todos los suyos. En
su palabra, velada por una fuerte emoción, puso temblores de ternura cuando se
refirió a los suyos, era decir, a los bomberos.
Aun cuando
la lluvia hizo presencia, muchísimas gente había concurrido a las verbenas
celebradas en Numancia.


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