sábado, 19 de agosto de 2017

UNION CLUB temporada 1952-1953


foto sellada con fecha 1953


1 - Lipe Arteaga
2 - Justo Mazo
3 - familia de Castillo
4 - Marcelina Vellido
5 - Marcelina, hermana de Nando Garcia
6 - Hermana de Arturo Hierro




El 28 de septiembre de 1952, dio comienzo el Campeonato Regional de Primera Categoría, con la participación de los equipos de Santoña, Cayón, Laredo, Nueva Montaña, Barreda, Buelna, Naval de Reinosa y el Unión Club de Astillero.

Para esta temporada el Unión Club, se había reforzado  con estos nuevos jugadores, Casuso, Lanza, Mendi, Ernesto, Jenaro, Torre, Vallina, Martinez, Gancedo,. Blanco, Lopez, Trueba

Más, los de la anterior temporada, José Luis, Gómez, Herbosa, Garcia, Hondal, Vega

Durante el campeonato, el Unión Club cedió al Rayo de Cantabria a sus dos jugadores más destacados, Mendi y Torre, a cambio de algunos jugadores juveniles rayistas


El 28 de septiembre de 1952, el Unión Club inició el campeonato, con una derrota de 5-0 en los campos de Santoña. (Santoña 5 - Unión Club 0)

El 5 de octubre, jugaron en Astillero, el Unión Club y la Naval de Reinosa, con el resultado de 1-2 a favor de los reinosanos.

El 12 de octubre, en Los Corrales, se enfrentaron el Unión Club y el Buelna, terminó el encuentro 2-1, a favor de los locales.

El 10 de noviembre, en Astillero, el Unión Club perdió por 3-5, ante el Barreda.

El 16 de noviembre, en Laredo, jugaron el Laredo y el Unión Club, venciendo los locales, por 5-1.

El 23 de noviembre, en Astillero, se enfrentaron el Unión Club y el Cayon, terminando el encuentro con empate a uno. En los astillerenses debutaron los refuerzos del Rayo, Vivar y Bascuñana.

El 30 de noviembre, en Montaña, jugaron el local contra el Unión Club, venciendo aquellos por el resultado de 6-0.

El 22 de diciembre de 1952, en Astillero, se enfrentaron el Unión Club y el Santoña, perdiendo los astillerenses por 0-2.

El 28 de diciembre, el partido que se iba a enfrentar en Reinosa, entre la Naval y el Unión Club, se suspendió por encontrarse el campo de futbol con más de cuatro centímetros de nieve.

El 1 febrero de 1953, en Astillero, el Unión Club perdió por 0-2, contra el Buelna.

El 15 de febrero, el Unión Club venció al Barreda en Astillero, por 4-0.

El 22 de febrero de 1953, el Unión Club derrotó al Laredo, en su campo por 3-2. fue una de las sorpresa de la jornada.

El 1 de marzo, en Reinosa, jugaron la Naval el Unión Club, venciendo los locales por 2-1. Este encuentro correspondía al aplazado en su día por el temporal.

El 15 de marzo, en Cayón, jugaron el Unión Club y el Cayón, con el triunfo de los locales por la mínima (2-1).

El 29 de marzo, en los campos de Astillero, venció el Nueva Montaña al Unión Club por 0-1.

Esta temporada el Unión Club quedó el último de la clasificación, con un partido ganado, un empate y doce perdidos.

Marcaron 12 goles y en contra 41 goles.

Debió ser una mala temporada, para el Unión Club.










viernes, 11 de agosto de 2017

ASTILLERO atraco a los Bancos Santander y Mercantil el 21 de marzo 1934








El 21 de marzo de 1934, se efectuó dos atracos en este mismo día, primero al Banco Santander que se encontraba situado en el edificio de la calle San José nº 2, que aún permanece y que estuvo instalado la Zapatería Margut.

Después, al Banco Mercantil, que se encontraba en la calle San José nº 27 y que hoy es la oficina del Banco Santander.

Acontecimiento que llamó la atención en la provincia y que tuvo a la Guardia Civil en alerta durante varios días, hasta que cerraron el expediente, al no encontrar ni atracadores ni el botín robado.

Los hechos ocurrieron así, según la prensa santanderina, en los atracos a ambos Bancos.

Los atracadores abandonaron tranquilamente el Banco y montaron en el automóvil que les esperaba a la puerta, despareciendo a gran velocidad.

El director y los empleados, así como los clientes, permanecieron encerrados por espacio de un cuarto de hora, al término del cual, fueron puestos en libertad por el encargado de las obras de las escuelas que se estaban construyendo a pocos metros del Banco. Este señor pasaba ante las oficinas y observando que algo anormal debía ocurrir, entró y no viendo a nadie, recorrió todas las dependencias hasta dar con los empleados encerrados.

Pronto llegaron desde Santander, el director del Banco de Santander, son Emilio Botín y el subdirector, don Gabino Gómez, enterados de lo ocurrido.

La oficina tenía un pequeño "hall" y una mampara de vidrio en los mostradores del Banco. Dentro se halla el despacho del director, comunicándose con el resto de las dependencias por una puerta vidriera. A la izquierda, junto al muro, la caja de caudales, a cargo del cajero.

Verificado el arqueo, se notó la falta de cuarenta y ocho mil pesetas en billetes del Banco. Los asaltantes no quisieron cargar con la plata de la que había varios miles de pesetas, sin duda porque el peso era una enojoso impedimento.

Simultáneamente al asalto al Banco de Santander, se estaba perpetrando otro en las oficinas de la Sucursal del Banco Mercantil.

El hall de esta oficina, es más amplio. Mide unos diez metros de fondo por cuatro de ancho. En uno de los ángulos de la mampara, hay una pequeña puerta de acceso a las dependencias. A la izquierda de la entrada se halla situado el despacho del gerente.

Aunque no está completamente aclarado, parece que también eran cuatro los asaltantes. uno de ellos se quedó a la puerta, haciendo que leía un periódico, mientras los tres restantes tomaban estratégicamente las ventanillas encañonando a los empleados.

El director del Banco Santander, don Severiano Setien, explicaba a la prensa, como había sido los hechos:

" Serían aproximadamente las cuatro y media o cinco menos cuarto de la tarde. Me hallaba yo en mi despacho donde me dedicaba a ultimar las operaciones del día, cuando me vi sorprendido con la presencia de un sujeto, casi un muchacho. Vestía traje oscuro, gabardina y tenía la boina puesta. No se cubría el rostro, y con la mayor serenidad, pero también con la mayor energía, me dijo:

¡Manos arriba! ¡Ni una voz ni tocar el timbre de alarma ni el menor movimiento! ¡A la menor sospecha, le levanto la tapa de los sesos!

La escena se repitió en todas las ventanillas. Por cada una de éstas y eran tres, una de la Dirección, otra de la Intervención y otra de Caja, apareció una pistola y detrás sonó una voz profiriendo idéntica amenaza.

Como carecíamos de pistolas a nuestro alcance, levantamos las manos en alto. Y los empleados nos fuimos, por natural instinto de defensa, agrupando. Entonces penetró un muchacho joven, de pequeña estatura, también armado de una pistola, y, enérgico y resuelto, nos dijo:

Sin bajar las manos, sin dar el menor grito, sin oprimir el timbre de alarma, todos al retrete.

Cumplimos la amenazadora orden y mientras tanto los atracadores estratégicamente, se disponían a apoderarse del dinero. Para ello hicieron la siguiente distribución: uno se colocó en la puerta; otro, situado frente al grupo que formábamos los ochos empleados, nos amenazaba con su pistola, y los otros dos se apoderaban del dinero.

Pero, ¿la caja estaba abierta?

Si; estaba abierta, porque existe esa costumbre y porque es precisamente la hora de realizar todas las operaciones de caja, guardando en ésa la recaudación del día, el dinero que traen los cobradores...

¿De manera que se fueron a la caja?

Sí; pero no debió satisfacerles lo que veían, porque uno de ellos vino donde estaba el grupo, preguntó quién era el cajero y cuando se lo dijimos, obligó a Anastasio Oria, a que les acompañase hasta la caja. "

En el momento del atraco, llegó a la sucursal del Banco de Santander y penetró tranquilo y resuelto, hasta una de las ventanillas, don Julio Fernández Barros. De pronto se encontró encañonado por una pistola y una voz amenazadora, le decía: " Por aquí, sígame, con las manos en alto y sin hacer el menor movimiento  ". Don Julio Fernández Barros cumplió la orden y con las manos en alto atravesó las oficinas y se sumo al grupo.

Poco después llego el notario de Astillero, don Gelso Romero. Y se repitió la operación. Con las manos arriba tuvo que incorporarse al grupo, mientras los atracadores seguían su labor.

En ese momento llegó a la sucursal del Banco, don Rafael Arnaiz, conserje de la Orconera.

- Vengo a imponer...

Los ladrones no le dejaron continuar

- ¿Cuánto? venga....

Don Rafael Arnaíz, un poco sorprendido, se quedó mirando al que le preguntaba, y le dijo:

- Son sesenta pesetas. Fruto de mis ahorros...

El atracador, se mostro indulgente.

- Tenga, nosotros no queremos dinero de pobres. Pero pase usted al grupo. Y hacia el lavabo fué también el conserje de Orconera.

 Mientras los atracadores se apoderaron de todo el dinero, en billetes y en plata -de ésta una gran cantidad- y salieron.

La salida fue de película policiaca. Con las pistolas apuntando al grupo, andando hacia atrás, y uno de ellos con una sonrisa de satisfacción, de triunfo.

Montaron en el automóvil que les aguardaba y salieron huyendo.

¿Cuánto fué lo robado?

De una manera exacta, no puede afirmarse, pero la primera operación de arqueo demuestra que pasa de cuarenta y ocho mil pesetas y que se aproxima a cincuenta mil.

La oficina del Banco de Santander, en esos momentos, se encontraban los siguientes empleados:

Don Severiano Setién, director; don Angel Sáez de la Maza, interventor; don Anastasio Oria, cajero; don Luis San Millán, don José San Emeterio, don Pedro Corral y don Pedro Taborga, auxiliares..

Ya en el Banco Mercantil, la prensa consigue entrevistar al director de la Sucursal. Ante la presencia de los consejeros que habían traslado desde Santander y del director del Banco, don Luis Catalán y el consejero don Paulino Garcia del Moral.

El Director cuenta los hechos ocurridos:

"  En el momento del atraco y un poco antes, una joven, hija de don Juan Cobo, comerciante de Boo y don Celestino Quintanal, hijo de la señora viuda de Quintanal, de Maliaño, oí una voz femenina. Reconocí que era la de esa joven. Luego oí, otras voces, que me eran extrañas; pero no lo di importancia. Más de pronto se abrió la puerta de este despacho y me encuentro con que, un sujeto avanza, resuelto y decidido hacia mí, con una pistola en cada mano. Y poniéndomelas sobre el pecho, me dice: " Si da usted una voz, un grito; si hace un movimiento o toca un timbre, le mato "

Era un hombre fuerte alto, grueso, vestido con traje marrón y cubierta su cabeza con una boina. A cara descubierta me dijo:  "Abandone usted el despacho, y a unirse con todos donde les encerremos ". Levanté los brazos y me dispuse a obedecer. No había otro remedio. Estaba desarmado y la decisión del atracador era resuelta.

Mientras otro atracador armado de una pistola, cuidaba la puerta y otros dos, penetrando por la de personal, se internaban en las oficinas diciendo a los empleados:  "Manos arriba; pero en seguida". 
Y todos obedecieron y se agruparon.

Ya unidos, los atracadores nos empujaron, junto con los clientes al archivo, y seguidamente comenzaron a despojar la caja.

El que vigilaba se creyó en el caso de darnos una explicación:

- Como ustedes verán sabemos que nos jugamos la viuda, y porque lo sabemos, nada nos importe ni nos amedrenta. Estamos dispuestos a llevarnos todo cuanto haya, y si ustedes dan un paso o piden auxilio o hacen un movimiento sospechoso, los que se la juegan son ustedes.

Uno de ellos, el que parecia dirigir la operación, no conforme con el dinero que encontraron en caja, pidió el libro de la misma.

- ¡No estaría conforme con el saldo de caja!

Poco después abandonaban la sucursal, llevándose un saco con 5.000 pesetas en plata, que pesaba 25 kilos.

En aquel momento extrañados de lo que sucedía, penetraron en la sucursal, don Enrique Díez Palazuelos y otras varias personas. Pero ya era tarde. Los atracadores habían desaparecido.

En la oficina se encontraban en esos momentos, los empleados, don Enrique Azcué, director; don Gabino Sete, interventor; do  Carlos Loyo, don Calixto Moncada; don Rafael Lanuza, don Gumersindo Vázquez y don Valentín Sobrino.

Las sucursales de ambos Bancos levantaron el acta de arqueo, que les permitió conocer la cantidad robada.

Esta fue, aproximadamente: 48.000 pesetas al Banco Santander, y 78.000 pesetas, al Banco Mercantil.

Pero ambas financieras estaban aseguradas contra robo por atraco y por ello les será resarcida dichas cantidades.

La calle donde están situadas las sucursales, era la más concurrida de Astillero.

En el momento de comenzar el atraco pasó frente a ellas un tranvía, el de las seis menos cuarto, sin que les preocupase a los atracadores lo más mínimo que les viesen los viajeros.

La distancia de una a otra sucursal era de cien metros.

Por entonces en la carretera de Beranga, muy cerca de Praves, casi al coronar la cuesta de Jesús de Monte, habían sido encontrados maniatados los choferes, José Fernández Pardo y Luis Fernández, conductores de los automóviles 5135 y 5406, matriculados en Santander.

Fue el 21 de marzo, a las tres menos veinte, dos individuos alquilaron el taxi conducido por Luis Fernández, para hacer un viaje a Beranga. Junto a los Almacenes El Norte subió en otro taxi, un individuo ocupando el asiento delantero, junto al chofer.

El auto tomó la dirección de la carretera general, subiendo por Cuatro Caminos, donde se detuvo a tomar gasolina.

Siguieron viaje hasta Beranga, donde los ocupantes les ordenaron detenerse. Rápidamente sacaron las pistolas y conminaron al chofer a bajarse y monte arriba les maniataron.

Lo mismo hicieron otros tres sujetos con José Fernández

Apoderados de los automóviles, se trasladaron al Astillero, donde les esperaban otros dos individuos. Divididos en dos grupos, realizaron los atracos en un plan combinado y preparado con gran precisión.

Tras realizar el atraco y con el botín, tomaron dirección de Santander, llegando a Cajo, junto a las tapias de la finca del doctor Morales, donde decidieron abandonar los automóviles y trasladarse en tranvía hasta Santander.

El día 22 muy de mañana, fueron encontrado dos sacos conteniendo bastante cantidad de dinero en plata. En seguida se supuso que fue la que robaron los atracadores en Astillero, y que, al tener que abandonar los automóviles para huir, la habían dejado, con objeto de no tener esa dificultad, que además de impedirles el andar cómodamente, les iba denunciando su paso. Uno de los sacos, el mayor, contenía 4.440 pesetas y el otro, 1.912, pesetas.

Tras realizar los arqueos contables en las cajas de ambos bancos, las cantidades exactas robadas fueron:

De la sucursal del Banco de Santander, 26.372,60 pesetas. De la sucursal del Banco Mercantil, 78.861,78 pesetas, de éstas 5.000 pesetas en planta y calderilla.

Cuando penetraron los atracadores en la sucursal del Banco de Santander, un empleado de Bedia y Pérez, llamado Manuel Bedia y Bedia, acababa de hacer entrega de mil quinientas pesetas, y se le estaba extendiendo el oportuno resguardo. Este señor fue también se incorporó al grupo de encerrados.

Un joven de Astillero, Antonio Velasco, que se encontraba con un carro a la puerta de la fábrica de alpargatas de la señora viuda de Palazuelos, en las inmediaciones del Banco Mercantil, conversando con otro joven, llamado Enrique Diego. Algo extraño debió observar el joven Velasco, por cuanto dijo a su compañero que algo anormal debía ocurrir en el Banco, pero cuando vieron salir a los ladrones con un saco de dinero y emprender la fuga, Enrique Diego avisó rápidamente, por teléfono, al cuartel de la Guardia Civil.

Estos jóvenes pudieron dar las señas de los atracadores, a los que vieron, y uno de ellos fue el que tomó el numero del automóvil.

El atraco se venia planeándose desde hacia días. Unos empleados de la Compañía de tranvías que prestaban el servicio entre Santander-Astillero, habían advertido que todos los días salían dos sujetos en el tranvía de las diez, con dirección a Astillero. Ya en este pueblo, permanecían solamente una hora.

Otro detalle: Viajaban en asiento distintos, no se hablaban, ni una sola vez durante el recorrido, pero uno de ellos pagaba invariablemente, el billete de ambos.

Parece ser, que este asunto, quedo olvidado, no llegaron a localizar a los atracadores y menos recuperar el dinero robado.



















sábado, 5 de agosto de 2017

MODISTILLAS de Astillero en los años 1931




 Pepita Posse




de 1955




Por noviembre de 1931, un grupo de encantadoras muchachas, bulliciosas y algareras, habían visitado algunos comercios del municipio, para recoger objetos donados para la fiesta de las Modistillas.

La señora viuda de Solana, dono un precioso corte de traje de crespón de seda, un pañuelo-bufanda y un bonito paraguas para señora, además de un juego de corbata y pañuelo para caballero.

Don Angel Díaz, un artístico reloj de sobremesa. Don Ricardo Fernández, un elegante paraguas de señora.

Don Valeriano Gutiérrez, un imperdible y par de pendientes  y su hija, señorita Amalia, un frasco de esencia para la que resulte elegida "Señorita Astillero" y un precioso par de medias para la que luzca el gorro más artístico en el baile del domingo.

La señora viuda de Quintanal, dos botellas de vino jerez añejo.

Don Vicente Marín, una caja de galletas finas, de su fábrica.

Don Germán Fernández, una hermosa y elegante caja de chocolatinas.

Don Sebastián Asenjo, un precioso estuche de manicura.

Don José Navarro, un juego de boquillas y una estilográfica. Don Cayetano Manchado, una hermosa caja de mazapán, elaboración de la Casa.

Don Florencio Aparicio, una botella de jerez quina y un bote de melocotón.

Don Eloy Herrero, dos botes de melocotón.

Don Joaquín Gutiérrez, una botella de jerez.

La preciosa lámpara regalada por la Sociedad Anónima Celuloide, fue expuesta al público en los escaparates de la Casa Azcárate, por donde han desfilado muchísimas personas haciendo grandes elogios de tan artístico regalo.

De la foto publicada, como bien decía el corresponsal, el grupo de bellísimas modistillas astillerenses, posan ante la máquina fotográfica de Hojas, porque las encantadoras hijucas con esos ojos retrecheros y asesinos, con ese palmito ondulante y sandunguero, con su charla cascabelera y zumbona y con su irresistible simpatía ponen en grave aprieto al más casto cenobita ¿Por qué si estáis monísimas!




Estas lindas son: Trial del Rio, Soledad Gómez, Amelia Garcia, Clotilde López, Mercedes Rodriguez, Sabina Santisteban, Vicenta Castillo, Rosario Castillo, Pepita Posse, Salomé Garcia y Fermina Fernández.

El primer festejo inaugural de la fiesta modisteril, fué la velada del sábado en el Salón Cortabitarte, rebosante de público como en muy contadas ocasiones.

La velada a cargo del Cuadro Artístico y de la rondalla del Orfeón, en la que también tomó parte el coro femenino de la laureada masa coral, fue un rotundo éxito artístico y de taquilla.

Las lindas "actrices" y los simpáticos jóvenes que integran el mencionado Cuadro Artístico y la ronda estuvieron acertadísimos en su cometido y lograron prolongados y cariñosos aplausos.

En los intermedios se verificó la rifa de seis regalos, dos de los cuales tocaron al vecino Ramón Casuso y su linda hermana Ascensión, que los donaron para ser subastados. La rifa y la subasta rindieron un buen puñado de pesetas.

Al final, las lindas coralistas, acompañadas al piano por el joven convecino Manolo Fernández, simpático muchacho que desinteresadamente prestó a ello, interpretaron el Himno a las modistas, del maestro Vilches, con la letra reformada (perdón, amigo "Nostradamus"), arrancando estruendosas ovaciones y viéndose precisadas a repetirlo.

El domingo y después de la misa solemne a la que asistieron muchas modistillas, se dedicaron éstas a recorrer el municipio postulando para los obreros en paro forzoso, y a cambio de una flor prendida por sus manos nacarinas, recaudaron 250,25 pesetas.

A las cinco de la tarde hubo una bonita sesión de cine, con el salón hasta los topes, y en los intermedios se rifaron más objetos de los donados para la fiestas de la modistas. Obtuvieron una buena recaudación.

A las nueve y media de la noche dio principio el baile, que estuvo muy concurrido, y en él lucieron las bellas modistillas preciosos y artísticos gorros, dando con ello la nota de color a la velada.

El salón estaba engalanado con follaje, flores, cadenetas, banderillas y farolillos. Presentaba un aspecto magnifico y a esta labor de embellecimiento contribuyeron con su trabajo muchas costurecillas y varios jóvenes desinteresadamente.

Los organizadores de la fiesta, Lorenzo Casuso y Antonio Egusquiza, fueron los artífices del éxito de la Fiesta.

Una notable orquesta amenizó el baile, y la juventud, incansable, bailó y se divirtió de lo lindo.

Se rifaron varios objetos de los regalados, se sorteó entre las modistas un hermoso lote de regalos y por votación entre el sexo fuerte fué elegida "Señorita Astillero" a Pepita Posse Muñoz.

El premio para gorros correspondió al taller de doña Eusebia González y el regalo sorteado entre las modistas, a la señorita Josefina Fernández, del taller de doña Candelaria Llata.

Por motivo de estas fiestas, unos militares astillerenses que hacen el servicio militar en Burgos, enviaron una carta al corresponsal de El Cantábrico, que decía:


"Burgos, 16 de diciembre de 1931. Señor Otero.

Muy señor nuestro: Enterados del exitazo obtenido en el festival de las modistas, no podemos menos de facilitarle a usted, como iniciador, y a los señores Lorenzo Casuso y Antonio Egusquiza, que parte tan activa han tomado en él, rogándole que, por conducto del periódico de su digna corresponsalía, haga llegar a nuestra más sincera felicitación a todos y ofrecer nuestros respectos a la reina de las modistas de sus paisanos que están cumpliendo sus deberes militares en Burgos. ¡Viva Astillero!, y gracias anticipadas por el favor.

-Eusebio Carretero-Francisco Salcines-Restituto Oviedo-Francisco Fernández-Manuel López-Esteban de Diego-Salvador Heras y Andrés Navedo.-


Según me he ido informado, la señorita Pepita Posse, mantuvo durante muchos años su taller de costura en Boo de Guarnizo.








sábado, 29 de julio de 2017

ASTILLERO boda 23 junio 1935




(del libro Astillero Historia Gráfica)

La "foto" recoge el momento en que los invitados posan ante el fotógrafo después de la ceremonia religiosa (foto Pablo Hojas)




El domingo 23 de junio de 1935, contrajeron matrimonio canónigo, en la iglesia parroquial de San José, los jóvenes, don Alfonso Bermúdez Diez, empleado de las Obras del Puerto de Santander y la bella y simpática señorita Amparo Martinez López.

Bendijo la unión el párroco de la misma, don Luis de Cereceda y Gargollo.

Apadrinaron a los contrayentes, don Gumersindo Gómez y doña Margarita Martinez. Las arras la sostuvo la niña Rosita Burzaco.

A fin de dar efectividad legal al acto realizado en la iglesia, a los efectos civiles, los casados, acompañados de los familiares y parte de los invitados, se personaron en el Juzgado y a presencia de los señores juez y secretario señores Lanuza y Garcia, levantaron el acta matrimonial que firmaron con los mismos los contrayentes y, en calidad de testigos, con Miguel Sempere Brau, agente de negocios y don Luis Valverde Cascón, del comercio.

El lugar elegido para la celebración del banquete, fue un sitio estratégico, ideal, agradable y con todas las comodidades, con una gran mesa dispuesta al largo del emplazamiento del improvisado comedor al aire libre, rodeados de vegetación.

Entre los invitados a la boda estuvieron: doña Margarita Martinez, doña Engracia Antelo, doña Francisca Cabrera, doña Maria Montequin, doña Luis González, doña Antonia Bermúdez, doña Antonia López, doña Amelia Martin de Gutiérrez, doña Antonia Diez, doña Hostensia González, doña Consuelo Pérez, doña Constancia Ruiz, doña Daniela Martinez; don Pablo Hojas, don Francisco Mañueco, don Jenaro Castanedo, don Victorino Hoyo, don Patricio Ayllón, don José Luis Martinez, con Ventura Burzaco, don Antonino Liaño, don Luis Diestro, don Severo Burzaco, don José Burzaco, don Gumersindo Gómez, don Vicente Allende, don Fernando Diego Soto, don Antonio González, don Juan Mazón, don Miguel Sempere, don Mariano Gómez, don Indalecio Albandor, don Francisco San Martin, Germán, Feliciano, Julio y Paco Bermúdez, señoritas: Amelia Fuente, Rosa Martinez, Julita Burzaco, Esther Hontavilla, Joaquina Haya, Rosa Vega, Hortensia Ruiz, Gregoria Hazas, Alicia Valverde, Maria Fernández, Ramonita Gutiérrez, Teresina Aguero, Antonia, Juanita, Elenita y Emiliuca Uriarte.

Los jóvenes: José Antonio Sanchez, José Vega, Manuel Hazas, Miguel Martinez, Luis Valverde, Juan y Marcelino Tarrero, Alfredo Fernández; los niños: Maria y Severo Burzaco, Antonio, José Luis y Pepín Bermúdez, Carmina Ayllón, Pepe Zamanillo, Luis y Censuro Ayllón y Pepín Liaño.

La comida, haciendo honor a la cocinera doña Trinidad López. estuvo condimentada de manera insuperable; las servidoras de la misma, parientes y amigas de los familiares, rivalizaron en un servicio esmeradísimo.

Estas fueron: Constancia Ruiz, Daniela Martinez, Amelia Fuente y Rosa Martinez y sirvienta Victoria Calzada.

La dirección de la misma a cargo de la hermana de la novia, doña Margarita Martinez.

Los novios, realizaron el viaje de luna de miel, a Bilbao y San Sebastián.

De la relación de invitados, existen personas muy conocidas y algunos son familiares míos.












viernes, 21 de julio de 2017

Vapor NUEVA MONTAÑA






En febrero de 1917, hubo una noticia que causo gran impresión especialmente en Astillero, fue el hundimiento del vapor santanderino "Nueva Montaña" , en cuya tripulación se encontraba el segundo maquinista de Astillero, Enrique Hevia.

Pronto llegaron las noticias, de que se encontraba a salvo y que regresaría en breve a su pueblo.



El 5 de febrero de 1917, se confirmaba el hundimiento por un submarino del vapor "Nueva Montaña", noticias que llegaron a Santander, causando el disgusto consiguiente.

"Nueva Montaña" significaba para Santander el porvenir, la nueva vida de progreso industrial, de febril actividad, de producción incesante, de bienestar, de prosperidad, de riqueza. Y esas dos palabras "Nueva Montaña" que encierran las más legitimas esperanzas, los más vivos afanes de Santander, estaban, trazadas en el casco de un buque, en el fondo de los mares. Y no sólo se había hundido ese vapor, sino que el cargamento de carbón que iba a traer de Inglaterra ya no vendría, y si el carbón llegase á faltar en los Altos Hornos, esta industria se vería precisada a interrumpir su producción, y la Montaña Nueva sufriría las consecuencias de todas estas contrariedades.

Desgraciadamente el rumor que anunciaba el torpedeamiento del vapor santanderino "Nueva Montaña" tuvo plena y oficial confirmación.

La matricula de Santander sufrió una nueva e importantísima baja con la pérdida del hermoso vapor de la Sociedad Altos Hornos.

La noticia del torpedeamiento llegó por un telegrama del capitán del barco, expedido en Lorient  el día 30 de enero, a las 17,45 h., que decía "Equipaje sauvé Vapeur coulé parsous marin", que, literalmente traducido, dice: "Tripulación salvada, vapor hundido por submarino".

En las oficinas de los consignatarios del vapor torpeado y en la de Nueva Montaña, no habían recibido más noticias que la del primer telegrama.

Como la tripulación del Nueva Montaña, es en su mayor parte de este puerto, fueron numerosísimas las personas que desfilaron por la casa consignataria pidiendo noticias del naufragio.

A todos se les contestaba que la tripulación se hallaba a salvo y que se hacían las gestiones oportunas para repatriarla.

Se creyó que el Nueva Montaña debió ser torpedeado ese domingo por la tarde o por la noche, a cien millas al Sur de Ouessaul.

El Nueva Montaña salió del puerto el día 20 enero, a las seis y media de la tarde, conduciendo en sus bodegas 2.800 toneladas de mineral para Newcastle.

Su capitán, señor Garcia, tenía orden de atravesar la zona peligrosa donde se supone fue hundido el barco, durante la noche.

Como el capitán, don Manuel Aguirre, se vio obligado a quedar en tierra, este viaje, aquejado por una enferme3dad, iba mandando el barco el primer oficial, don Deogracias Garcia, de Santander, componiéndose la tripulación del personal siguiente:

Oficiales: don F. Maximiliano Villanueva y don Gumersindo Triguero, montañeses.
Maquinistas: don Carlos Videa, vizcaíno; don Eduardo Hevia, montañés y el ayudante, Miguel Alboitir,
Mayordomo: Domingo Casiano, vizcaíno.
Contramaestre: Fulgencio Carpintero, vizcaíno.
Carpintero: Agustin Alvarez, montañés.
Cocineros: Luis Uzquieta, vizcaíno y Guillermo Aguirre, montañés.
Fogoneros: José Ostolaza, Gregorio Hormaza, Juan Martinez y Antonio Gordía; vizcaínos.
Paleros: Francisco Ibañez y Luis Jerez, montañeses.
Marineros: Angel Carpintero, Luis Fernández y Ramón Iriarte; vizcaínos; y Pio Berbes, asturiano.
Mozos: Pelayo Arteche, vizcaíno y Ruperto San Emeterio, montañés.
Camarero: Hipólito Ibargüen y marmitón, Domingo Legarreta; vizcaínos.

El vapor fue construido en Sunderland el año 1891, botándose al agua con el nombre de "Tarragona" y pabellón inglés.

Después cambió de nacionalidad y de nombre, abanderándolo los nuevos propietarios en Grecia y navegando con el nombre de "A.D. Rydoniefs".

En 1914 se transfiere la propiedad al armador Embiricos y se matricula con el nombre de "Antonias Embiricos".

El 14 de junio de 1916, entra en Newcastle y con un completo de carbón arriba a Santander, el día 22, sin más novedad, todo su engalanado arriba. Atracó en el Cuadro, al lado de los que iba a ser nuevos compañeros de matrícula, "Asón" y "Maria". El buque se abanderó en Santander y tomó el nombre de "Nueva Montaña", quedando con casco negro y chimenea roja con coronamiento negro. Estos colores, pasando los años, los cambió la empresa en otros buques de su flota adoptando la chimenea totalmente negra con rectángulo blanqui-rojo partido en diagonal la parte superior blanca y la inferior roja y en cada parte con colores inversos las iniciales N y M.

Fue adquirido por la Sociedad Nueva Montaña en el mes de mayo del año 1916, pagando por el, 52.000 libras esterlinas.

Antes de este último viaje, que hacia el número siete de los realizados con pabellón español y matricula de Santander, estaba asegurado en 67.000 libras, elevándose a 82.000 libras su seguro.

Al retorno de este viaje, el Nueva Montaña, tenía que entrar en dique para hacer algunas reparaciones de importancia y sufrir la revisión reglamentaria del Lloyd.

El cargamento mineral que conducía al ser hundido estaba asegurado en 3.000 libras esterlinas.

Las características del barco eran: 275 pies de eslora; 38 de manga y 17,7 de puntal, con un calado de 19 pies y medio.

Desplazaba 2.030 toneladas de registro bruto, 1.295 neto y 3.100 de carga.

Por la línea de Bilbao llegaron el día 4 de febrero,  en el último tren el capitán y los tripulantes montañeses del vapor de esta matricula "Nueva Montaña".

En la estación, además de las familias de estos marinos, esperaban el gerente de Nueva Montaña, señor Cortines, los consignatarios del vapor torpeado señores Dóriga y Casuso y bastante público.

Los náufragos, según manifestaron al descender de los coches, venían muy agradecidos de las atenciones que para ellos habían tenido los tripulantes del vapor noruego "La France" por el que fueron recogidos y á las autoridades de Lorient, así como del veci-cónsul de España en aquel puerto francés, pues unos y otros les atendieron cariñosamente.

El primer oficial del Nueva Montaña, don Mariano Villanueva, amablemente se refirió algunos detalles interesantes de la nueva hazaña de los germanos, que ha restado a nuestra ya mermada matrícula uno de sus mejores y más necesarios buques.

"Tras salir de Santander, y ya en altar mar, fuimos abordados por el submarino alemán y ordenándoles arriar una ballenera y llevarles la documentación para que ellos la examinasen.

La orden fue obedecida inmediatamente y con cuatro marineros me dirigí al submarino, que seguía aguantándose en el mismo sitio donde había emergido.

Cuando llegamos al buque al comandante Hans Rose,  que no tendría más de treinta y cuatro años y vestía el uniforme de la Marina de su país, tomó de mis manos la documentación diciéndome que le siguiese.

Bajamos al cuarto de derrota, un pequeño camarote con algunos libros y aparatos náuticos y una mesita, en la que había extendido y clavado con chinches un mapa de la costa francesa.

Sobre aquella el comandante del submarino revisó la documentación y encarándose después conmigo, en inglés chapurreado, me preguntó qué clase de carga y destino llevaba el Nueva Montaña.

No había terminado de contestarles cuando me hizo una seña con mano, dándome a comprender claramente que iba a echar a pique nuestro barco.

Mis ruegos no fueron atendidos por el marino germano, á pesar de que le ofrecí bajo palabra del barco, que no hundiese el barco y retrocederíamos a Santander con el cargamento.

Entonces pregunté al comandante el número del submarino y éste, sonriéndose me contestó que el 200.

En nuestra ballenera embarcó el oficial y dos marineros con bombas y mechas para encender éstas, y a remolque del submarino nos dirigimos a nuestro barco.

Cuando el bote se separó del submarino y atracó al costado del Nueva Montaña ya había sido arriada del vapor la otra ballenera y con ella se encontraban varios marineros.

El oficial alemán obligó al maquinista a subir a bordo para que les ayudase a colocar las bombas en la máquina, y al contramaestre a abrir las escotillas para hacer igual operación en las bodegas.

Minutos después precipitadamente abandonamos todos el buque, embarcando en las balleneras y dirigiéndonos al submarino. El comandante de éste, que desde la torrecilla presenciaba el abandono del Nueva Montaña, mandó que los tripulantes, excepto dos que debían que darse en los botes para gobernarlos, bajamos a las cámaras del buque.

Poco tiempo después oímos algunos detonaciones y momentos más tarde cuatro cañonazos.

Era que el submarino había cañoneando nuestro barco porque las explosiones de las bombas no fueron suficientes para echarle a pique.

Hasta las once de la noche permanecimos a bordo del buque y allí conseguimos averiguar por un marinero alemán, que hablaba el castellano que el submarino era el "U-53" que había operado algún tiempo en aguas norteamericanas y que hacía diez días que recorría aquellas aguas.

A las once, cinco horas después de embarcar en el submarino, recibimos orden de saltar a los botes.

La operación fue bastante peligrosa, ¡había bastante marejada y las olas pasaban por encima del buque!

Cuando embarcamos en los botes ya estábamos calados hasta los huesos.

Y allí nos dejó el submarino, bregando con el temporal y aferrados de frio.

A las cuatro de la mañana divisamos próximo un vapor y encendiendo cerillas conseguimos pronto llamar la atención de sus tripulantes.

A fuerza de remos, aunque nuestras fuerzas eran ya bastante escasas, nos aproximamos al vapor que la previdencia nos deparaba.

A las cuatro de la madrugada del día 30,  los recoge el mercante noruego "La France" y los lleva a Lorient, en donde desembarcan todos sin más novedad que el susto y la fatiga de la peripecia.

Tras rendidos por la fatiga y tan aterrizados de frio nos hallábamos con los tripulantes de "La France" que era el barco salvador, tuvieron que ayudarnos a subir a bordo.

Las balleneras quedaron al garete, llevándoselas la mar.

En el barco noruego fuimos acogidos cariñosamente, dándonos café y atendiéndonos como mejor pudieron"

"La France" les condujo a Lorient, donde permaneció dos días en el Arsenal la tripulación y a la oficialidad se nos alojó en una fonda.

El amable oficial terminó repitiéndoos que no olvidarían el buen trato que tripulantes y oficiales recibieron.

Desde esta localidad, se trasladaron el día 1  a Saint-Nazaire, donde fueron atendidos por el cónsul hasta despedirles para España.

Se hospedaron en una fonda de Saint Nazaire, con nombre francés y su propietario de nacionalidad desconocida. El precio del hospedaje era de siete francos diarios, el menú de lo más deleznable y el hospedero, un tipo originalísimo que hablaba español.

Los náufragos en esta fonda, las pasaron  negras, como vulgarmente se decía.

Desde Saint Nazaire viajaron los tripulantes a San Sebastián y después a Bilbao, para regresar a sus casas.

Y así fue, el vecino de Astillero, ENRIQUE HEVIA, pudo llegar sano y salvo y fue recibido con gran alegría por sus convecinos.