viernes, 17 de agosto de 2018

DESMARAIS HERMANOS fábrica de petróleo en el Astillero



(postal propiedad de Ricardo Vega)



(chimenea actual en La Cántabrica)







En la fecha de julio 1891, se celebró la terminación de la gran chimenea de 25 metros de altura, de la nueva fábrica de refinación de petróleo que en Astillero venia construyendo la fábrica Desmarais Hermanos.

La destilación lo harían en tres calderas de 100 toneladas de cabida y 4 aparatos de fundición para destilar a elevada temperatura. Los generadores de vapor eran dos, de 100 caballos de fuerza.

El petróleo en bruto se trasladaría desde los buques a tres cisternas que contendrían en conjunto cuatro millones y medio de kilogramos, por medio de un tubo de aspiración de 150 milímetros de diámetro y 400 de longitud.

Es histórico la antigüedad de esta chimenea, que aún perdura para la memoria de muchos astillerenses y que es un símbolo que debemos proteger y conservar.



En mayo de 1890, don Carlos Saint Martin, en representación de la casa Desmarais Hermanos, había solicitado al Gobierno Civil, la concesión necesaria para construir un muelle saliente en la ría del Astillero para el servicio de la nueva refinería de petróleo que se iba a establecerse en Astillero.

Fue en julio de 1890, cuando  el señor Saint Martin había ultimado la compra de los trescientos carros de tierra para dar comienzo las obras y con ello los trabajos de terraplenar la marisma que habían adquirido a don Tomás Tijero en el Astillero.

El 26 de agosto de 1890, se celebró la sesión del Consejo Provincial de Agricultura, Industria y Comercio en el despacho del Gobernador Civil y bajo su presidencia, acordaron informar favorablemente el expediente y proyecto de un muelle embarcadero para el servicio de la fábrica de petróleo de los señores Desmarais Hnos.

En julio de 1891, se le concede a la Sociedad Desmarais Hermanos la construcción del muelle embarcadero para uso particular que venía solicitando en la margen izquierda de la ría de Astillero.

El arranque del muelle se colocaría en la mitad del espacio que existe entre el existente, propio de la fábrica La Cantábrica y el solicitado por Desmarais Hermanos.

El 19 de agosto de 1891, la "Gaceta" había recibido la publicación de la real orden del ministerio de Hacienda, que decía:

" Excelentísimo señor: Vista la instancia de don Juan Carlos Saint-Martín, representante de la Compañía Desmarais Hermanos, exponiendo que dicha Sociedad desea establecer en el pueblo del Astillero una fábrica para la refinación del petróleo y construir un muelle saliente para el servicio exclusivo de la misma, y solicitando que se habilite éste para el desembarque, reconocimiento y adeudo de la maquinaria, carbón, petróleo, gasolina, sosa cáustica, ácido sulfúrico y demás artículos necesarios para la refinación de petróleo, así como también para el embarque por cabotaje del petróleo refinado y de las materias secundarias, productos de la refinación:
Resultando qué el interesado se obliga a someterse a las mismas condiciones que se impusieron a la fábrica Deutsch y Compañía por la real orden del 4 de agosto de 1880.
Considerando que los informes emitidos por las autoridades provinciales correspondientes son todos los favorables a la concesión que se pretende:
Y considerando que es conveniente favorecer el desarrollo de las industrias, cuando no perjudican al Estado; que es útil facilitar el despacho de los artículos inflamables ó de fácil combustión en puntos apartados del movimientos principal del puerto de Santander, y que el interesado se obliga á sufragar los gastos de personal y material que requiera este servicio:
S.M. el Rey (O.D.G.), y en su nombre la Reina Regente del Reino, conformándose con lo propuesto por esa Dirección general, se ha servido disponer que se habilite el muelle en el Astillero de Santander, de la Compañía Desmarais Hermanos, para la descarga, reconocimiento y adeudo de la maquinaria, carbón, petróleos, gasolina, sosa cáustica, ácido sulfúrico y demás artículos que requiera la refinación de petróleos, y para el embarque de petróleo refinado y productos secundarios de la fabricación, ya se conduzcan de cabotaje ó se hayan de exportar, bajo las condiciones siguientes:
1ª. Toda la documentación seria expedida y requisita da por la Aduana de Santander, de la que formará parte dicho muelle para todos los efectos de las Ordenanzas.
2ª. La Compañía Desmarais Hermanos habilitará un despacho con el mobiliario suficiente para el Delegado de la Aduana. y proporcionará las basculas y demás útiles necesarios para pesar y reconocer las mercancías que se importen y expidan.
3ª. La expresada Compañía abonará al Estado la cantidad de 3.100 pesetas anuales por reintegro de gastos de personal y material, haciendo el ingreso en la Caja de la Delegación de Hacienda de Santander por trimestres adelantados.
4ª. Para atender á este servicio se nombrará un empleado pericial con el carácter de Delegado de la Administración de Aduanas de Santander, dotado por el sueldo anual de 2.000 pesetas, y un pesador con 1.000 asignándose 100 pesetas para gastos de escritorio, cuyo personal se comprenderá en el de la Aduana de Santander en el próximo presupuesto, bajo el concepto de ser reintegrables los sueldos y gastos de escritorio referidos.
5ª. La falta de cumplimiento por parte de la Compañía Desmarais Hermanos a lo prevenido en la condición 3ª, determinará en el acto la cesación de la habilitación concedida.
De Real Orden lo digo a V.E. para los efectos correspondientes. Dios guarde a V.E. muchos años.
Madrid, 29 de enero de 1891. Cos Gayón. Señor Director General de contribuciones indirectas.

La nueva fábrica, cuyos trabajos comenzaron por marzo de 1891, estaba construida por tres partes:

Tres inmensas calderas para destilar el petróleo, de 100 toneladas de capacidad cada una; otras 3 de 20 toneladas y 4 aparatos de fundición para destilación y 4 aparatos de fundición para destilación a elevada temperatura; 2 generadores de vapor de 100 caballos de fuerza.

El conjunto representaba una batería de 12 hornos y una gran chimenea de 25 metros de altura con una sección media de edificio de 2 m 20 de diámetro.

Un gran depósito de 1.500 toneladas de capacidad terminado. Otros dos se estaban construyendo. Estos dos depósitos que contendrían la reserva de petróleo en bruto formaban una provisión de 4.500.000 kilógramos. En la sala de máquinas había 12 motores en acción directa, bombas para hacer transvase de líquidos, máquinas para producir la ventilación, el aire comprimido y la electricidad.

El muelle que se internaba en la ría buscando la profundidad de agua necesaria para que pudiese atracar buques hasta 3.000 toneladas.

Un tubo de aspiración de 150 milímetros de diámetro y de más de 400 metros de longitud, estaba ya dispuesto para conducir el petróleo directamente desde los barcos-tanques a los inmensos depósitos.

Los trabajos habían sido ejecutados bajo la dirección de M.F. Hugonier Ingeniero de los señores Desmarais Hermanos secundado por el activo e inteligente contramaestre M. Ulysse Caston y por Felix Kancis contratista de la parte de fumistería (el mismo que solo ha hecho la chimenea)

Los detalles para acabar la obra serian ejecutados por M. Hugonnier - Ingeniero y M. Alliot futuro Director de la fábrica que empezaría a funcionar en las siguientes semanas.

Por agosto de 1891, el señor Sergio Maraña, en nombre de los señores  Deutsch y Compañía, había presentado en el Ayuntamiento del Astillero una importante instancia solicitando que la citada corporación tomase sus medidas a fin de que, por cuenta de quien corresponda, se hagan las obras necesarias para proteger los depósitos de petróleo y gasolina de su fábrica, La Cantábrica, de todo riesgo de incendio, debido a la proximidad de las calderas y hornos de destilación de la nueva refinería de petróleo que se venía construyendo contigua a la citada fábrica, los señores Desmarais Hermanos.

Se fundaba la solicitud de los Sres. Deutsch en que diferentes reales ordenes sobre establecimientos peligrosos prescribían que las industrias de esa clase debían establecerse a cierta distancia de poblado y casas habitadas para  no perjudicar en nada a los intereses de los vecinos ya existentes.

En septiembre de 1891, llegó el primer vapor de 2.000 toneladas cargado con petróleo que transportaba en grandes tanques-aljibes con destino a la nueva fábrica de refinería que se estaba instalando en el Astilleros por los señores Desmarais Hermanos.

El buque fue conducido por dos remolcadores al punto de desembarque de reciente construcción.

El 17 de diciembre de 1891, la refinería de petróleos que los señores Desmarais Hermanos poseían en el Havre (Francia) sufrió un importante incendio debido a una gran explosión de una válvula y de un depósito de petróleos, sin ocasionar desgracias personales.

En junio de 1893,el vapor "James Brand" salió de Newcastle para Filadelfia, en donde tomó un cargamento completo de petróleo bruto para la importante fábrica Desmarais Hermanos "El Gallo", en el Astillero. Seria donde por primera vez se veía un vapor de tales dimensiones en las nuevas instalaciones.

Fue felicitado los señores Desmarais por su iniciativa y por no haber retrocedido ante ninguna de las dificultades que tuvo que necesitar para la recepción de semejante vapor. Para ello, fue necesario alijarle para que pudiera subir hasta la refinería.

Era importante en esos momentos el haber hecho la prueba, trayendo el "James Brand" al Astillero, cuyo puerto estaba llamado a un gran porvenir, cuando la Administración, que había comprendido la situación perfectamente, haya terminado los trabajos de dragado para permitir la entrada directa de la ría a los vapores de mayor calado.

Era asombro los progresos que la fábrica había realizado cada día, establecida hacia dos años, gracias a sus poderosos medios de producción y a un material instalado según los adelantos más modernos, merced a los cuales había sabido conquistar en nuestro país un lugar importante , y toda España conocía el petróleo "El Gallo".

Fue de mucha importancia la entrada del "James Brand" en el puerto, para que los industriales quisieran instalar nuevas fábricas y conseguir las grandes ventajas que ofrecía la bahía de Santander.

Con la creación de la nueva fábrica, pues la ya existente Deutsch y Compañía, desde hacía diez años y la Desmarais Hermanos, entra de nuevo en competencia, y que en todas las partes en donde una se establece, la otra va acercándose. Es este el motivo, una en Havre, la otra en Ruen (Norte de Francia), una en Blaye y la otra en San Loules (Sur de Francia).

Grandes ventajas reportaron estas dos fábricas al pueblo de Astillero y al puerto de Santander.






El 29 de agosto de 1923, esta fábrica de Demarais Hermanos, sufrió un grandísimo incendio no llegando a producirse ninguna incidencia lamentable. (de este hecho lo tengo publicado en la fecha 29 junio 2014)












viernes, 10 de agosto de 2018

MERCADO DE ABASTOS en Astillero




(postal propiedad de Ricardo Vega)










El primer mercado data de 1889, celebrado en los locales adquirido merced al préstamo concedido por Eliseo Azcárate, el cual fue devuelto por el Ayuntamiento mediante ingresos procedentes de los derechos de ocupación de puestos.

Mientras tanto, por esas fechas continuaban las obras de un nuevo mercado, cuyo proyecto y planos confeccionó don Emilio Aguirre.

El presupuesto de la obra ascendía a 11.684 pesetas y el 30 de enero de 1889, tuvo lugar la subasta de las obras las cuales se adjudicó don Antonio Fernández Gallostra, por un total de 10.988 pesetas, previa obligación de terminarlas en el plazo de 10 meses.

Dado que no sucedió y las obras no acababan de terminar, se le rescindió el contrato con pérdida de fianza.

Por este motivo y como se dejaba sentir de manera palpable la necesidad de un mercado, se tocaron todos los resortes posibles pero reiniciar nuevas obras.

Fue en 1901,  cuando el Mercado empezó a funcionar como tal, aunque en él, se celebraba actos como mítines y conferencias; también, en algunas ocasiones intervino la Banda Municipal para las funciones de bailes por Carnavales.

Y por estas fechas, cuando se inauguró el mercado extraoficialmente, en presencia de las autoridades de Santander y locales.

Para el acto inaugural, se celebró una gran romería, acompañada de pito y tambor, así como danzas, entre ellas, la famosa de Ibio.

Se aprovecho la ocasión, para instalarse los primeros puestos, donde se podían degustar buenas chuletas a la brasa y el tradicional cochinillo, que era el plato típico por entonces en Astillero.

Eran las tardes de los domingos, cuando en la parte superior del mercado, servía de plataforma para el baile de los domingos.

Posteriormente, el mercado de los domingos se trasladó a los lunes, con lo que perdió parte del colorido y carácter popular que venía teniendo.

Al no haberse podido llevar a cabo en su día, según proyecto la construcción de la plaza del mercado, se habilitó provisionalmente un local que hacía su oficio.

El Ayuntamiento veíase apremiado de día en día para resolver debidamente el problema, pero como carecía de recursos económicos, llegó a un acuerdo con el industrial de la localidad, don Eliseo Azcárate, para que este financiase la obra y el Ayuntamiento iría pagando la deuda principalmente con los ingresos que se obtuviesen procedentes de los derechos de ocupación de puestos.

En enero de 1901, ya se encontraba la fábrica en condiciones de echarle el tejado y con este motivo, en los locales del Ayuntamiento, se sirvió un modesto lunch.

En sesión del Ayuntamiento, se acordó la construcción de dos colgadizos para ampliación del mercado, anunciándose las obras para el día 10 de marzo de 1901.

Para ello, se publico subasta para el día 28 de julio, en la sala Consistorial bajo el tipo de 1.928,25 pesetas.

Aún no se había terminado las obras del proyecto, cuando ya se acordó ampliar la plaza y ponerle colgadizos en todo su circuito. Al principio se habían puesto solamente en la parte sur.

Fue el 14 de marzo de 1901, en sesión municipal, cuando se adjudicaron los primeros puestos; al señor Felipe Gutiérrez, para su actividad de relojero y a don Lorenzo Casuso, como tablajero.

En esa época, el Mercado reunía a todas las carnicerías del municipio.

El señor Gutiérrez, al mismo tiempo que la relojería, llevaba la administración de loterías. El 20 de abril de 1908, fue agraciado con el segundo premio del sorteo de Lotería en el número 14.547.

Al señor Gutiérrez, se le asignó el local que daba a la calle General Pimenta, frente a Eliseo Azcarate y al señor Casuso, para carnicería, en el sureste haciendo esquina.

Luego se hicieron algunas modificaciones y reajustes de puestos y a finales del año 1901, estaban el mercado ocupados por los siguientes industriales:

Puestos 5 y 6, para don Gregorio N. de la Torre; puesto 7, para don Victoriano Gorostegui; puesto 8, don Valeriano Cortina; puesto 9, para don Tiburcio Cruz; puestos 10 y 11, para don Felipe Gutiérrez; puestos 12 y 13, don Lorenzo Casuso; puesto 14, don Ricardo Fernández; puestos 15 y 16, para don Luis Dirube; puesto 17, doña Guadalupe Alonso.

El 3 de mayo, se adjudicaron otros locales o puestos, entre ellos, al señor Tiburcio Cruz, con el puesto nº 9, para la venta de artículos de comercio; a Guadalupe Alonso, con el puesto nº 18, para industria y comercio de zapatería.

Los puestos nº 4 y 7, a Enriqueta Lafuente Barberis; los puestos nº 15 y 16, a Luis Dirube; y el puesto nº 8 a Valeriano Cortina.

En el año 1902, se construyeron los dos retretes de la plaza y se cerraron los soportales de la zona Norte, para parque de bomberos voluntarios, habiéndose pagado por esta segunda obra la cantidad de 265 pesetas.

En 1907, se ordenó por las autoridades en aquella época, con carácter general, que los mercados no se celebrasen los domingos y, únicamente podían continuar celebrándose los domingos, cuando se darían en ellos determinadas circunstancias. Astillero se consideró exceptuado de cumplir tal orden porque tradicionalmente y desde tiempo inmemorial se celebraban en dicho día de la semana, pero la solicitud en primera instancia fue denegada, se recurrió al Ministerio de Gobernación y por R.O. de 27 de octubre de 1908, se confirmó la sentencia primera. El Ayuntamiento no podía presentar pruebas bastantes para incluir el mercado del Astillero entre los exceptuados.

Al final, el Ayuntamiento, decidió cambiar el día dominical por los jueves, para la celebración de los mercados.

En el año 1908, se establecieron por primera vez, igual que los de Santander, premios para los carniceros, a fin de estimularles en el suministro de carne de superior calidad, en los días de Pascua.

El primer premio consistía en 50 pesetas para la mejor res vacuna mayor; el segundo de 25 pesetas para la segunda res; el tercero de 25 pesetas para la mejor ternera, y el cuarto de 15 pesetas para la segunda ternera.

De ello, resultaron ganadores ese primer año, los tablajeros, don Ramón Tijero; don Barsinero Escallada y don Luis Dirube.


En el año 1911, el Jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, señor Tocornal, ofreció pagar 500 pesetas por adelantado, como alquiler de la plaza del mercado por un plazo de 17 meses, para bailes y espectáculos públicos.

Esta oferta animó al Ayuntamiento a redactar un pliego de condiciones para subastar esta prestación del local de la plaza por un periodo de un año, pero después lo consideró improcedente tal subasta por entender que la plaza debía destinarse exclusivamente a su fin especifico de mercado.

Para reforzar esta postura se encomendó a un arquitecto el proyecto de construcción de puestos fijos para la venta de carnes y pescado en el interior de la plaza.

A principio de 1915, se decidió derribar la plaza de mercado y seria el 10 de enero, cuando en sesión ordinaria del Ayuntamiento se aprobó el proyecto de construcción de la nueva plaza.

El 10 de marzo de 1915, se celebró la subasta de las obras de construcción de la nueva plaza de mercado, bajo la presidencia del Alcalde, don Nicolas Pardo.

Este proyecto fue diseñado por el arquitecto don Eloy Martinez del Valle. La obra, cuyo coste ascendió a 51.655,97 pesetas, se adjudicó el contratista, don Alfredo Liaño Trueba.

En sesión del 30 de enero de 1916, se aprobó definitivamente la cuenta presentada por el arquitecto señor Martinez, que ascendió a 51.655,97 pesetas.

La nueva plaza se construyó en el mismo emplazamiento que la anterior, previo su total derribo.

El pago se hizo en ocho anualidades, devengado el préstamo formalizado al efecto un interés del 5%

En sesión aprobada por el Ayuntamiento, se concedió en arrendamiento a don Eliseo Azcárate, un puesto en la plaza.

A finales de 1915, se hizo una revisión de los puestos interiores y exteriores, numerándolos nuevamente y fijándoles nuevos precios de arrendamiento.

En enero de 1916, el alcalde por entonces y el Presidente de la Comisión de Obras, señor Lucas Garcia, se percataron de algunas deficiencias, por lo que tuvieron que aplazar las obras previstas hasta el 19 de agosto de 1919, cuando firmaron la recepción definitiva.

En esas fechas, el edificio del mercado, era de una planta trapezoidal, con la cubierta plana, de losa de hormigón armado y resuelta a dos niveles diferentes.

En sesión del 30 de abril 1916, se le concedió en arrendamiento a don Felipe Gutiérrez el puesto de la plaza que se hallaba contiguo al que ocupaba.

También el 12 de noviembre 1916, se autorizó la solicitud de don Pablo Teja, de acceder a un puesto en la plaza-mercado.

El 10 de julio de 1917, se la concedió a doña Juana Bolado, el puesto nº 17 del mercado, en las condiciones establecidas.



En septiembre de 1921, se concedió un puesto en el mercado a don José López.

En diciembre de 1921, se le concedió a don Víctor Villasante, el puesto nº 11 de la plaza del mercado.

En junio de 1922, don Sebastián Altonaga solicitaba que se le quitase las goteras del puesto en la plaza que llevaba en arrendamiento.


Por agosto de 1922, doña Rosa Hontavilla, solicitó un puesto en la plaza-mercado como despacho de carnes. Propuesta que posteriormente se la concedió.

En sesión del 12 de enero 1923, se aprobó conceder un puesto en la plaza a don Narciso Baraja.

En sesión del 9 de abril de 1924, se le concedió a don Valeriano Gutiérrez el puesto de la plaza mercado que dejaba vacante don Justo Sierra.

El 9 de mayo de 1924, se la concedió a don Florisela Pérez los dos puestos de la plaza de mercado que había quedado vacante por haber terminado el arrendamiento de doña Rosario Ortiz.

Entre los 1924 a 1927, hubo distintos propietarios, algunos fueron: Felipe Gutiérrez, relojero; Justo Sierra, Victoriano Gutiérrez, con dos locales; José Sáez de Villaescusa, quien lo dejó en 1924.

Por 1929, se terminaron diversas obras de mejoras en la plaza de mercado, a base de un préstamo de 5.000 pesetas, que el industrial don Eliseo Azcárate había hecho al Ayuntamiento, en el año anterior, préstamo que fue devuelto en el año 1930.



En junio de 1930, se le concedió un puesto en el mercado, a don Ramiro Garcia, al habérsele denegado a don Argimiro Meneses, por haberlo solicitado primeramente el anterior.

Por junio de 1931, se venía celebrando el mercado los domingos, con toda clase de productos y cotizando los precios:

Lechoncitos del país, muy finos, a 15, 25, 30 y 35 pesetas; gallinas, a 8 y 9 pesetas; pollos pequeños a 6,50 pesetas el par, y los grandes, a 8 y 9 pesetas; los conejos a 2 y 3 pesetas uno; los patos, a 12 pesetas par.
Repollos, a 1, 1,25 y 1,50; lechugas, a 0,30; cebollas, a 1,40 pesetas docena; ajos, a 0,60; limones, a 2 pesetas; tomates, a 0,75 pesetas el kilo.
En las pescaderías establecidas y puestos ambulantes de vendedoras, se cotizaron: merluza grande, a 5 pesetas el kilo; pescadillas, a 2,50 pesetas; bonito, a 2,50; sardinas, a 0,50 la docena; panchos, a 0,30; chicharros grandes, a 0,50 uno.
Fresa del país, a 2,50 pesetas kilo, cerezas, a 0,40 y 0,50 pesetas; plátanos, a 1,75 pesetas la docena; naranjas murcianas, a 1 pesetas.
El queso fresco de Burgos, se vendía a 2,40 el kilo.

  

En el año 1940, hubo reformas de mantenimiento y entre ellas, la instalación de servicios en el interior de la plaza.

En la sesión del Ayuntamiento de fecha 9 de mayo de 1948, se aprobó la solicitud de don Amancio Hernández (peluquería) para reparar la persiana del local que tenía en arrendamiento en la plaza del mercado.

En 1949 se le concedió a don Antonio Molino, local en la plaza de mercado, en determinadas condiciones, cuyo local lo había sido ocupado anteriormente por Jesús Viñuela.

En sesión de 11 de febrero, se le concedió en arrendamiento a don Ildefonso Cebreros, el puesto número 10 de la plaza de mercado.



En sesión del 5 de agosto de 1952, se la concedió a doña Pilar Quintanilla el puesto nº 10 de la Plaza de Mercado.

El 19 de agosto, se autorizó el traspaso de puesto del Mercado que llevaba en arrendamiento doña Andrea Garcia a Ermelinda Pacheco.

En sesión ordinaria la Diputación Provincial de Santander, con fecha 4 de marzo de 1954, concedió al Ayuntamiento de Astillero, la cantidad de 25.000 pesetas para la reparación del mercado de la Plaza.



Por 1974, el mercado se celebraba el primer día de la semana y olvidando los años que se hacia los domingos, con muchos más vendedores, con sus puestos de verdura, frutas, huevos, calzados, telas, queso de Burgos, puesto éste que regentaba una simpática señora que era toda amabilidad.

Era el mercado un punto de reunión y el lugar idóneo para la mañana del domingo, para contemplar los puestos de venta y en donde se podía encontrar entre otras cosas con un ungüento mágico para quitar los sabañones o las siempre necesitadas cuchillas de afeitar que con su valor de 5 céntimos el paquete se podían adquirir, lo que ya era más difícil era afeitarse con las mismas.



Por marzo de 1983, con una inversión aproximada de seiscientas mil pesetas, el Ayuntamiento inició la reparación del Mercado, reparando ventanas y tejados, a la vez que se habían instalado nuevos servicios y lavabos y se pintaron el exterior del edificio.

Tras estas reformas, la Comisión de Gobernación efectuó los trámites oportunos para sacar a pública subasta los puestos libres del mercado o aquellos que se encontraban en situación ilegal.

Varios años llevaban cerrados tres puestos en el Mercado, cuyo alquiler se estaban pagando cantidades irrisorias.

En estas fechas la renta de los locales alquilados oscilaban entre las 72 pesetas por el puesto más pequeño y 386 pesetas por un puesto de treinta y cinco metros cuadrados al mes.

Ya posteriormente, entre 1981 y 1988, se hicieron continuas reformas, pero la definitiva por el Ayuntamiento fue en 1999, consistiendo en convertir los alrededores del Mercado en una plaza peatonal, dando así un nuevo sentido a la plaza y dotándola de mayor dinamismo.





Todavía se sigue recordando aquellos locales cuyos propietarios estuvieron durante muchos años, que bien por la edad o la jubilación, les obligo a ir cerrando sus negocios:

En la "Tienduca" de Valeriano Gutiérrez, se podía encontrar de todo, desde aquella brillantina marca "Tornasol" capaz de amaestrar los cabellos más rebeldes, hasta botones de todas las hechuras, e incluso cartuchos al lado de horquillas, puntillas o terciopelos. Era un estrecho local, más bien un pequeño bazar.

Fredo, relojero de "La Péndola" se nutría de todos los ingredientes necesarios para confiscar la atención y cariño de la gente; gran artista, despistado, bonachón. A su relojería llegaban piezas desde varios puntos de España y los marineros ingleses que llegaban a puerto no dudaban en acudir a "La Péndola" para arreglar su máquina.

Fredo o Alfredo, continuo el negocio de su padre, Felipe Gutiérrez.

Novedades "Doyle" o Kiosko "Doyle". En este local, nos reuníamos todos aquellos que coleccionamos "comic", "chistes" o "cromos", nos los reservaba todas las semanas.

"Molino". Este local lo llevaba la hermana Elisa, persona muy agradable y atenta, pues era el sitio donde teníamos que ir para comprar el material de los estudios.

"Mesio", local de zapatería, uno de los tantos que existía en la localidad y que siempre estaba lleno de clientes.

"Tinin Miera", tienda de comestibles, de la familia Vda. de Miera Mis padres eran clientes y encargaban el pedido mensual, que le servía a domicilio. Recuerdo al empleado Antonio Gomez, quien era el que lo traía.

Estaban los clásicos carniceros, todos ellos, sucesores de una generación de antiguos carniceros, los Escalladas, Cebrecos, Casusos....

Y también la peluquería de caballeros de los Hermanos Hernández, al frente Gildo.

Bazar Meneses, una juguetería familiar, sucesores de anteriores propietarios.




 Algunos establecimientos que se venian anunciando de 1950 a 1970







































viernes, 3 de agosto de 2018

ASTILLERO historia de sus boleras




Año 1916




Bolera en Astillero sin identificar ubicación





En el pueblo de Astillero, desde muchísimos años, han existido unas cuantas boleras en distintas épocas, donde se venían practicando el noble deporte montañés de los bolos.

En mi juventud, siempre he tenido interés por los bolos, en la infancia procuraba jugar con botes. La bola procuraba que sería de piedra de rio, por ser más redonda.

De joven me acercaba a la bolera que más cercana existía a mi casa, la del Barrio Obrero, detrás de la tienda el Siglo.

Más adelante, jugué ya con bolos de madera, en la bolera que existía en la Academia Puente.

Quiero mencionar aquellas boleras que existieron, según información obtenida y pocas son ya las que actualmente existen.



La de "La Planchada", creada parece ser en 1880, por Luis Dirube y que tras muchas remodelaciones y distintos propietarios, es la que actualmente existe en el pueblo.
Por el año 1.897, en las fiestas de Astillero, hubo un concurso de bolos, según la prensa, pero no indicaba en que bolera. (entiendo que sería la de la Planchada)
Esta bolera fue traspasada a la familia Pico, conocida como "La Flor de Mayo", de la Viuda de Antonio Pico y cuyo establecimiento figuraba en 1909.
En enero de 1924, Pedro del Castillo solicitó la bolera de La Planchada por la cantidad de 50 pesetas y fue desestimada en sesión municipal.
En noviembre de 1924, se adjudicó la subasta de la bolera a Manuel Cabrera, por tres años y 100 pesetas al año.
Por junio de 1927, a instancia nuevamente de Pedro del Castillo, en sesión municipal se acordó anunciar la subasta de la bolera sita en Paseo Bretón, para el día 25 de junio, bajo el tipo anual de 100 pesetas.
En fechas ya posteriores, estuvo a cargo del Bar Moisés, después ya como Bar-Restaurante Lucy.
Después de una largo tiempo sin celebrarse competiciones de bolos de cierta categoría, se volvió en 1956, a organizar un concurso individual por el aficionado a este deporte, Leopoldo Pérez.
En 1964, se reinauguración el corro de esta bolera después de importantes obras realizadas por el Ayuntamiento.
Hoy es la bolera municipal, donde se viene jugando competiciones.
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La de "Angelín" de Angel Díaz, una de las más antiguas. La bolera era de propiedad de Angel Díaz en su principio, después ya como Casa Angelín y finalmente como Toki-Ona.
Por septiembre de 1915, ya existió esta bolera celebrándose concursos de bolos.
Por los años 20, 30 y hasta 1949, se vinieron celebrando concursos de bolos, tanto por las fiestas locales como concursos abiertos.
La bolera se encontraba en la parte trasera del local y con acceso a ella desde el bar.
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"El Bulevar" de José Cayón, ubicada en la calle Fernández Hontoria, donde hoy se encuentra el Grupo de Viviendas Hermanos Sentiés. El señor Cayón tenía tienda de comestibles por los años 1914-1921.
El 17 de agosto de 1914, en esta bolera se suspendió el certamen de bolos anunciado, por el mal tiempo.
Era una de las boleras más visitada, enclavada en el bulevar. Ahí se jugaba pagando veinte céntimos el que perdía y si se ganaba recibía un cartón sellado por el establecimiento que le daba derecho a hacer una consumición de diez céntimos.
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"La Bomba", de la familia Sancha Trueba, en la calle Industria, de propiedad de la familia.
Se encontraba enfrente de la fonda, establecimiento que regentaban, junto a la fábrica de Dirube.
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La de Daniel Eguzquiza, desaparecida hace mucho tiempo y que estuvo en el lugar del Frente Juventudes, donde ahora se encuentra el Hotel Las Anclas.
La bolera ya existía por 1916.
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La del Bar Genio, en Subiejas, donde se jugaron muchas partidas de bolos y que hace poco tiempo desapareció al construirse chalets.
Por 1934, la regentaba Moisés Fernández, donde se efectuaban concursos.
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Hubo una bolera privada, en la calle Lepanto (frente a las Estaciones), perteneciente a la familia Lomba.
Era utilizada particularmente.
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En la calle Industria, estuvo la bolera de la tienda de Vicente Quintanal, en su parte trasera, junto a las vías del ferrocarril.
Era utilizada para sus clientes.
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Otra bolera, poco conocida, frente al Teatro Bretón, fue la de Gabriel Vicente, que tenía un café por los años 1917.
De esta bolera, pocos la recuerdan e incluso existe dudas de su ubicación.
En sesión del 19 de agosto de 1921, el Ayuntamiento acordó dar por terminado el arriendo de la bolera que lleva por entonces don Gabriel Vicente.
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La de "Valentina", de propiedad de Valentina Quintanilla, de su comercio en calle Industria.
Después fue el Bar La Cacharra, que regentaba ella y su hija Emilia.
La bolera se encontraba en la parte trasera, de la tienda y después bar.
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La del Barrio Obrero, al cuidado se encontraba el bar el Siglo. Por los años 60 se jugaban partidas entre amigos.
El Barrio Obrero data de 1925 y se desconoce cuándo se instalo la bolera.
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Hubo otra bolera, en Frajanas, junto a la Casona y el lavadero. Esta bolera la regentaba Ramón Dirube cuando tenía el Bar Frajanas.
Este bar, primero fue una tienda, el Siglo XX.
Esta bolera, pudiera ser anteriormente la de Antonio Maza y en donde se celebró en 1922, un certamen de bolos en ella.
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En el interior de la factoría de Campsa, hubo una bolera, que se jugaba muy poco, era más bien privada de la empresa.
Al cerrar la factoría por traslado a Santander en 1961, quedo a disposición municipal.
Por 1981, se celebró un concurso de bolos con motivo de las fiestas de San José. Esta bolera se la denominaba "Santa Barbara"
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En la Academia Puente, en la parte superior existió una bolera antes de hacer la reforma y ampliar el edificio.
Yo la conocí y pude jugar en ella.
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Una muy antigua, en el Paseo Bretón, privada de propiedad del Circulo Católico, para el disfrute de sus socios.
Su ubicación era enfrente del Colegio Calvo Sotelo y junto al bar-fonda Encinas.
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Aunque no está en Astillero, si podremos incluirla como una bolera más, la de la Peña de Remedios, en Guarnizo, junto a la Iglesia de Muslera, donde se juega hoy campeonatos regionales.
Esta bolera es la habitual de la Peña de los Remedios, que se encuentra jugando en la División de Honor del Campeonato Regional de Cantabria, con gran éxito.
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También pudiéramos incluirla como bolera la que utilizaban los amigos de la "Petanca". Un grupo de astillerenses, entre ellos los hermanos Garcia-Vega, que practicaban esta modalidad. De esta bolera de "petanca", existe dudas que si anteriormente hubiera sido "corro" de "bolo palma",  sin llegarse a practicarse juego alguno.
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La de la foto que publico, no he podido identificar, que bolera era, donde estaba ubicada y a quien pertenecía.
He podido pensar, que esta bolera era portátil y que se hubiera instalado por alguna fiesta local.
Pero si, según veo la foto, con la ría al fondo y un pequeño barco, que estaría instalada cerca del muelle e incluso dentro de los Talleres de Astillero.
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La afición a los bolos en Astillero, siempre ha estado presente, famosas cuadrillas organizadas hicieron presencia en los corros bolísticos, destacándose jugadores como los hermanos Francisco y Aurelio Pico, Manolo Alvarez, Casiano Preciado, los hermanos Vélez y Antonio Maza.

En los años 1917, destacaba un jugador conocido como el "Zazo" de Astillero, que competía contra los mejores "ases" de esa época.

En una ocasión y en el concurso celebrado en la bolera de Angelín, participaron los ases de la provincia; hermanos Marco, Angel Maza y el Zurdo de Bielba entre ellos.

Fue éste, quien consiguió tirar los nueve bolos con una sola bola. Un hecho que quedo como histórico.

En Guarnizo, también existió boleras con mucha antigüedad. El 17 de septiembre de 1911, en el barrio de la Estación, se celebró un concurso de bolos, donde tomaron parte varias cuadrillas, debiendo pagar éstas ocho pesetas cada una.

Los premios fueron: dos, uno de 85 pesetas y otro de 45 para las cuadrillas que más bolos logren y un tercero de 10 pesetas para el jugador que más bolos tire.