viernes, 31 de julio de 2020

ASTILLERO baños de ola y baños flotantes. (1857-1935)



(Colección familia Aguero)











Por 1857, a El Astillero acudían los forasteros a las aguas minerales y baños de mar.


Si tuviese que decir desde cuando hubo baños flotantes en Astillero, muy difícil seria confirmarlo, pero en el año 1862, ya se hablaba de ellos.

Para los veraneantes que acudían desde Madrid u otros puntos de la Península a la Montaña para respirar frescas brisas de sus montañas y de las espumosas ondas de su agitado mar, existían  tres clases de baños flotantes, los del Sardinero y los del Astillero.

En principio eran más partidarios del Sardinero, donde se tomaba el verdadero baño de mar, porque era el punto de la playa donde el mar cantábrico hacía gala de toda la imponente fuerza de sus majestuoso oleaje.

En Astillero por entonces, era un pueblo de casucas feas agrupadas sobre un terreno accidentado y montuoso, desde el cual se bajaba al mar, pero teniendo las señoras que allí deseaban bañarse que tomarse el trabajo de embarcarse en un bote y cruzar hasta el extremo de la orilla opuesto, sitio retirado, donde la diosa del poder pone a cubierto de miradas imprudentes.

Fue importante el servicio de baños de ola, como se conocía, en épocas veraniegas, donde acudían muchos visitantes al pueblo de Astillero, considerado en esa época, como el lugar turístico de alta burguesía después de Santander.

Las casetas de baños, construidas en madera, tenían un acceso a ellas por detrás y enfrente a la ría, existía el acceso a la playa donde disfrutaban los usuarios del baño. En el interior existía cuartos para el cambio de ropa y baños calientes.



En diciembre de 1876, los señores Felipe Sanchez Díaz y Joaquin Bolado, presentaron autorización para construir una casa permanente de baños y un embarcadero flotante en la playa del pueblo de Astillero.



Por R.O. de fecha 6 de junio de 1877 , la Dirección General del Ministerio de Fomento y de acuerdo con el dictamen emitido por la Junta consultiva de Caminos, Canales y Puertos, el S.M., el Rey, autorizó a los señores Felipe Sánchez Díaz y Joaquin Bolado, la construcción en el Astillero, de una casa de baños y un embarcadero flotante.

Las obras se ejecutarían con arreglo al proyecto presentado y bajo la inspección y vigilancia del Ingeniero Jefe de Santander.

En el plazo de 15 días, los concesionarios deberían consignar en la Caja general de Depósitos la cantidad de 1.000 pesetas, como fianza.

Se daría principio a las obras dentro de dos meses y quedarían terminadas en el término de un año.

La playa continuaría siendo de uso libre, a excepción de la zona de 24 metros de longitud que comprendería la casa de baños, que sería para su servicio.

Las obras que se construyan y el terreno que se ocuparía quedarían sometidos a las servidumbres de salvamento y vigilancia litoral.

La casa de baños de los señores Bolado y Sánchez, quedó terminada por el año 1878 y se encontraba a pie de la ría, con entrada directa desde lugar del baño.



Por octubre de 1882, en el Astillero, se encontraba atracados los baños flotantes del señor Dosal. los cuales se venían utilizando en la bahía de Santander.



El 4 de mayo de 1883, el Boletín Oficial de la Provincia de Santander, por Real Orden del Ministerio de Fomento, se acordaba autorizar al señor Agapito Salas, la construcción de una varadero y casa de baños en la ría del Astillero.

Don Agapito Salas, había presentado instancia y proyecto solicitándolo y vistos los favorables informes del Ayuntamiento local, del Comandante de Marina, de la Junta provincial de Sanidad, del Capitán general del distrito, del Ingeniero Jefe de la Provincia de Santander, del Gobernador de la misma; de acuerdo con lo propuesto por la Sección 4ª de la Junta consultiva de Caminos, Canales y Puertos y de conformidad con la Dirección General.

S.M. el Rey, tuvo a bien acceder a lo solicitado y concederle al aprovechamiento del trozo de playa de la margen izquierda de la ría del Astillero, que pretendía ocupar para establecerse con una varadero y una casa de baños.

Las obras se construirían con arreglo en un todo al proyecto presentado y bajo la inspección y vigilancia del Ingeniero Jefe de la provincia de Santander.

Antes de empezar las obras, el concesionario consignaría en la sucursal de la Caja general de Depósitos de Santander, la cantidad de 165 pesetas a que asciende el 1 por 100 del presupuesto, cuya carta de pago presentaría oportunamente al Ingeniero Inspector como justificante del cumplimiento de esta obligación. La citada fianza no le seria devuelta al concesionario mientras no acreditase haber ejecutado obras por valor de la tercera parte del presupuesto. Estas darían principio en el término de dos meses y se terminarían en el plazo de un año.

En fecha 6 de mayo, se publicaba una Real Orden, autorizando definitivamente al señor Agapito Salas a construir el varadero y la casa de baños, según los proyectos presentados.

Vistos los favorables informes del Ayuntamiento del pueblo, del comandante de Marina, de la junta provincial de Sanidad, del capitán general del distrito, del ingeniero jefe de la provincia de Santander, del gobernador de la misma; de acuerdo con lo propuesto por la sección 4ª de la junta consultiva de caminos, canales y puertos, y de conformidad con esa dirección general:

S.M. el REY, ha tenido a bien acceder a lo solicitado por don Agapito Salas, y concederle el aprovechamiento del trozo de playa de la margen izquierda de la ría del Astillero, que pretende ocupar para establecer un varadero y una casa de baños; entendiéndose que esta concesión se hace sin perjuicio de tercero, salvo el derecho de propiedad, y con sujeción a las condiciones siguientes:

1º-. Las obras se construirán con arreglo, en un todo, al proyecto presentado y bajo la inspección y vigilancia del ingeniero jefe de la provincia de Santander, quien antes de dar principio a los trabajos hará el replanteo general y el deslinde del trozo de playa correspondiente al dominio público que se otorga en esta concesión.

2º. Antes de empezar las obras el concesionario consignará en la sucursal de la Caja general de Depósitos de Santander la cantidad de 165 pesetas a que asciende el 1 por 100 del presupuesto, cuya carta de pago presentará oportunamente al ingeniero inspector como justificante del cumplimiento de esta obligación. La citada fianza no le será devuelta al concesionario mientras no acredite haber ejecutado obras por valor de la tercera parte del presupuesto.

3º. Estas darán principio en el término de dos meses, a contar desde la fecha de la concesión, se continuarán sin interrupción y se terminarán en el plazo de un año, contado desde la misma fecha.

4º. Terminadas las obras, certificará el ingeniero jefe, con todas las formalidades prescritas en tales casos, que aquellas se han ejecutado con arreglo al proyecto y que se han cumplido todas las cláusulas de la concesión. Los gastos que se originen con el reconcomiendo, así como todos los demás que exija la inspección y vigilancia de los trabajos, serán de cuenta del concesionario.

5º. Durante la construcción no podrá transferirse esta concesión sin permiso del gobierno, ni podrán introducirse variaciones que alteren el carácter del proyecto sin pedir y obtener previamente la debida autorización.

6º. Si el Estado tuviere que ejecutar obras en el sitio que ocupan el varadero y la casa de baños y ofreciesen estas construcciones obstáculos para su realización, está obligado el concesionario a demolerlas y retirar los materiales en el plazo que se le señale, sin tener derecho a indemnización de ninguna clase.

7º. La falta de cumplimiento por parte del concesionario de cualquiera de las condiciones anteriores, producirá la caducidad de la concesión, siguiéndose entonces los trámites análogos a los que prescribe el art. 29 y siguientes del reglamento de 6 de Julio de 1877 para la ejecución de la ley de obras públicas.

(Real Orden a V.I. para su conocimiento y demás efectos. Madrid 18 de abril de 1883.)



En las fechas de noviembre de 1887, don Victoriano Gorostegui y Serna, había presentado en la Sección de Fomento, un proyecto en solicitud de autorización para establecer unas casetas con destino a baños en la playa Norte de la ría de Astillero.



En septiembre de 1890, en providencia dictada en los autos de concurso de acreedores de don Joaquin J. Bolado, se sacaba a pública subasta los bienes de su propiedad:

Una casa de baños sobre la playa del Astillero, de mil quinientas pies de superficie con sus aparatos y bañeras de mármol para baños clientes; linda por los cuatro vientos con terreno de la playa y mar del Astillero.

La tasación pericial fue de 1.500 pesetas.



En 1894, los baños flotantes que prestaron servicio durante la temporada de verano atracados en el muelle de Calderón, en Santander, fueron remolcados hasta el Astillero, sitio de residencia de invierno

El 21 de junio de 1896, el Ayuntamiento de Astillero, acordó a la ejecución de una galería balnearia en el pueblo, en el sitio de "Escollera de la Fábrica Vieja"


Esta obra se haría por subasta pública que tendría lugar el cinco de julio, a las diez de la mañana en la Casa Consistorial, bajo el tipo de 1.114 pesetas.

De este llamado balneario, se desconoce si se construyó y si llegó a funcionar.



En fecha octubre de 1900, los baños flotantes del señor Ramón González del Corral fueron remolcados al Astillero, por el vapor Cuco, para ser fondeados.

Por estas fechas, la Alcaldía de Santander, había publicado un bando con las reglas que los bañistas debían usar y que la Alcaldía de Astillero, también se ajustó a las condiciones de las casetas instaladas en el municipio:

Respectar las zonas designadas para bañarse según el sexo.

La zona acotada mediante la concesión a los propietarios de las casetas, respectarla, sin que puedan entrar en ellas personas que no hagan uso de las casetas de los establecimientos.

Quedaba prohibido bañarse en las casetas y en los demás puntos cercanos a ellas, sin el traje conveniente, el cual no debía ajustarse al cuerpo ni mostrar escandalosamente sus formas.

Ninguna persona podría bañarse en las zonas señaladas para el otro sexo.

Se prohibía proferir en los sitios señalados para tomar baños, expresiones contrarias a la decencia y hacer toda clase de demostraciones indecorosas, así como molestar a los que se bañasen.

Los establecimientos particulares de baños fijarían al público una tarifa impresa de los precios que debían abonarse por ocupación de la caseta y uso de las ropas y trajes de baño.

Las faltas de servicio o cualquier otra que merezca corrección, se denunciarían al agente de la autoridad encomendado de la oportuna vigilancia en los sitios de baños.

Todo incumplimiento de la ordenanza de esta norma, quedaría castigada con sanción y multa.



Entre los acuerdos del Ayuntamiento de Astillero, en las fechas de octubre de 1915, fue anunciar la subasta de los despojos maderables de la destruida caseta de baños.



El 20 de junio de 1917, fueron fondeados en Santander en el sitio de costumbre, los baños flotantes que estuvieron durante el invierno en el Astillero.



En los años 1928, en Santander los baños gratuitos donde acudían la gente, eran "Las Higueras", "San Martin", "El Promontorio" y "La Magdalena", pues quedaba lejos la playa del Sardinero, además de los Arenales de Maliaño, estos desaparecieron pronto con las obras de relleno de esa zona.

Dentro de la bahía existía un magnifico balneario, el del marqués de Robredo, destruido por el incendio.

Las dos casas de baños flotantes de la bahía, quedaban todos los años, fondeadas en la ría del Astillero y remolcados por un pequeño "Corconera" bajaban a amarrarse, a principios de temporada junto al muelle de pasajeros, ambos eran de propiedad del señor don Ramón G. Corral.



En 1929, el Centro del Ejercito y la Armada, daba cuenta de ciertas infracciones en el establecimiento de baños del Astillero y poniendo en conocimiento al Jefe Superior de Policía para tomar medidas y evitar tales infracciones.

Eran muchas las multas impuestas al propietario por la pasividad del servicio



En junio de 1931, se encontraba las casetas de baños del propietario Victoriano Gorostegui, quien había solicitado autorización para señalizar un paso necesario alrededor de las mismas para su arreglo y conservación.

El señor Gorostegui en el año 1931, solicitaba sus derechos de servicio como dueño de los baños marítimos, antes de conceder el cerramiento de terrenos propiedad de don Pedro del Castillo, lindantes con los que él tenía arrendados y que le perjudicaba en su negocio.

Fue el último propietario de casetas de baños instaladas en Astillero.




Muchos hemos conocido y aprovechado la ría, como el muelle, para bañarnos sin reparos alguno, ante la presencia de la gente.

Posteriormente, sería la playuca el sitio de baños para los pequeños y no tan pequeños, aunque el lugar preferido era el "muelluco" para darnos el chapuzón y el planchazo, sin mirar la profundidad o la altura.













sábado, 25 de julio de 2020

ASTILLERO alpargateros-zapateros-zapaterías (1898-1980)





(foto cedida por América Vega Terán)

Esta foto data de 1916-1920, empleadas de alpargatería Aguilera (las del delantal blanco), entre ellas la abuela de America Vega, Aurora Lorenzo; y la abuela de Javier Edesa.





(foto cedida por la familia Montoya)

Foto sellada el 19 mayo de 1955, Emilio Aguilera sus hijos Manolo y Emilio, junto con antiguos empleados de la fábrica: Guerra y Pigazo (representantes), Maria Trueba (contable) y Eladio





El pueblo de Astillero, de siempre había tenido tradición alpargatera, cuyas primeras fábricas empezaron a fabricar las alpargatas, usando el cáñamo como materia primera.

Después se fue sustituyendo por el yute, materia más barata que el cáñamo.

La primera gran transformación en este sector de calzado, fue la especialización de las empresas alpargateras en lo que era propiamente la confección de calzado, mientras que los semielaborados que lo integraban, trenza de yute y lona de algodón principalmente, pasaron a realizarse en modernas fábricas textiles. El trabajo manual solo estuvo ayudado por las máquinas de coser, las prensas de cortar lona y algún otro aparato sencillo hasta los años veinte, en los que comenzó a difundirse maquinaria específica para el urdido de las suelas y se aplicó también a la alpargata la tecnología desarrollada para el cosido de calzado de cuero.

La alpargata alcanzó su auge en el siglo XIX, hasta 1926. Después prácticamente se paralizó, hasta después de la guerra civil, que volvió a surgir las nuevas industrias de calzado.

Y se entró en descenso de la industria de la alpargata, al aparecer la industria del zapato o de las botas de goma.

Los primeros zapateros tradicionales eran talleres zapateros, donde artesanos calificados elaboraban manualmente los zapatos que competían con los primeras fábricas ya mecanizadas.

Estos zapateros fueron desapareciendo y surgieron los que artesanalmente arreglaban los zapatos o calzado estropeados.

Fue Astillero muy importante, en cuanto a esta industria de alpargatería, eran muchas las mujeres que trabajaban por entonces y en su mayoría mujeres, llegando a alcanzar hasta un número de 400 obreras.

Oscilaban entre la edad de 16 a 25 años, hasta que se casaban y algunas continuaban trabajando desde casa, porque por entonces, era el medio para sostener la vida familiar.

No solamente eran ellas, existían algunos casos graves, como en el año 1926, fue denunciado un fabricante de alpargatas de Astillero, por el delegado del Ministerio de Trabajo, en donde tenía trabajando un niño de muy corta edad.

En los años de 1931 a 1933, existía una Sociedad Sindical de Alpargateros y Alpargateras, en Astillero, que tuvo un gran actividad, destacándose por las huelgas que durante esos años mantuvo ante sus patronos.

En Cantabria, entre los años 1939-1952, la industria de la alpargatería estaba muy repartida en la provincia, se encontraban en las localidades de Astillero, Cabezón de la Sal y Ampuero. Eran fábricas de tipo pequeño, con menos de 40 trabajadores por empresa.

Durante este periodo, afectó a esta industria de calzado la regularización de precios como a las materias primas necesarias para su fabricación.

Los precios fueron tasados mediante una orden del Ministerio de Industria del 30 de noviembre de 1939 (BOE del 7 de diciembre), que sucesivamente fueron modificándose durante unos cinco años.



En 1941, en Astillero, existía cinco empresas, con 193 obreros.

En las fechas de 1948, el artículo 60 de la Reglamentación Nacional de Alpargatas a efectos de designación de las Cajas de Compensación para aplicación de los Seguros Sociales al personal trabajador a domicilio en dicha industria alpargatera, había acordado la Dirección General de Trabajo, las cuatro zonas asignadas:

Estas serán administradas por las Comisiones que bajo la presidencia estuvieron formadas:

Comarca de Astillero: El delegado sindical comarcal de Astillero; el párroco de Revilla de Camargo, don Isaías Navarro; los trabajadores doña Alfonsa Abascal, doña Emilia Vega y doña Margarita Boirio y los empresarios, don Emilio Aguilera, don José Abad Martinez y Herederos de Emilio Diego.


El encontrar quienes fueron los que estuvieron establecidos como zapateros o bien alpargateros, es difícil, lo que he podido localizar son algunos de ellos, como:


En 1898, existía en Astillero un zapatero llamado Inocencio Molino, que se traslado al pueblo de Muriedas en esa fecha.
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En 1903, existia estos zapateros: Demetrio del Rio; Baltasar Ganzo; Bernardo Ostolaza y Julián Saiz. Como zapatería: Benito Garcia.
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Se tiene conocimiento que en 1904, existía un zapatero, Ricardo Fernandez.
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En 1907, se anunciaba la necesidad de un zapatero para la casa de Baldomero Rodriguez en Guarnizo
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En marzo de 1908, existía la zapatería de Manuel Méndez (el Portugués), en Astillero.
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En septiembre de 1913, estaba la conocida zapatería "La Imperial".
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En 1917, estaban instalados dos zapateros, Demetrio del Rio y Justo Sierra. Como alpargatero, Tomás Garcia y también EMILIO AGUILERA
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El 12 de diciembre de 1919, se anunciaba el traspaso de una acreditada fábrica en el Astillero.
Se trataba de la alpargatería de Emilio Aguilera y Hermanos, cuyas existencias o sin ellas, daba grandes facilidades para el pago.
En esa época, tenia buena clientela para colocar 150 docenas diarias.
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En 1925, se encontraba instalado Celedonio Soto, con casa dedicada a la fabricación de zapatillas para señora y calzados para niños. Venta al por mayor.
También la fábrica de don Emilio Aguilera. Quien fabricaba toda clase de alpargatas y tenía la patente adquirida del modelo de alpargata "Deport"
Tenía en esas fechas más de ciento cincuenta operarios. Con una media anual de más de cincuenta mil docenas de pares de alpargatas.
Otra industria la de don Francisco P. Morante, que había conseguido su fábrica ser de las más importantes de la región.
Y en Guarnizo, calle Vista Alegre, estaba la fábrica de alpargatas de Benjamín Ortiz, con venta al por mayor de abarcas y zapatillas de invierno y verano.
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En los años 1926, estaba el alpargatero, Francisco P. Morante, con exportación a provincias y al extranjero.
Se encontraba frente al Ayuntamiento.
Gran numero de operarias y con maquinaria de moderno sistema para la fabricación de suelas, como para los cosidos y demás manipulaciones
En el año 1929 se le había autorizado por el Comité de producción, para ampliar en la fábrica a la instalación de dos nuevas máquinas.
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Por 1927, se encontraba el alpargatero Benjamín Ortiz.  con patente de mejora núm. 91.614 y su especialidad era la alpargata "Playa". Ubicado en Guarnizo
Otro alpargatero con fábrica en Astillero y Guarnizo, era Moisés Fernández Arnaiz, exportación al interior y al extranjero, con una producción diaria de 400 docenas.
Por 1927, se encontraba el industrial Mateo Valverde, en la calle Esperanza.
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En 1929, se le autorizó a Emilio Aguilera Morán, para instalar dos máquinas de coser alpargatas de goma, fieltro, cáñamo y yute para una producción de sesenta docenas diarias.
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En 1931, en el pueblo de Guarnizo, existía tres fabricantes de alpargatas
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En 1933, estaba la alpargatería de la viuda de Palazuelos, quien sufrió una huelga de sus obreros.
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En 1934, existía la fábrica de alpargata. Viuda de Ortiz y su representante José Abad. (Benjamín Ortiz)
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En 1935, en Guarnizo, existía un industrial alpargatero Gabriel Tardaliga, quien tuvo un trágico accidente y murió en esas fechas.
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Por abril de 1936, en Astillero, Guarnizo y Heras, existían estos alpargateros: Viuda de Ortiz; viuda de Palazuelos; Valverde; Olavarrieta; Tardaguilla; Sebastián Martinez; Miguel Valiente y Emilio Ortiz.
Hubo huelga y alcanzaron los 300 obreros.
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En 1943, tenia fábrica de alpargatas Rafael Ortiz.
               También, Calzados Justo Sierra, especialidad en calzado fuerte
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En 1945, figuraba como zapatero, Justo Sierra Bárcena, ubicado en la calle E. Orense.
Otra fábrica de alpargatas fue la de José Corzo de la Puente, que fue destruida por un incendio el 30 de marzo de 1948.
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Por este año de 1948, estaba la fábrica de alpargatas Herederos de Emilio Diego Gómez, alpargatas de piso de goma y yute, y con casa en Santander, calle Castilla nº 9 y teléf. 36.
Falleció en diciembre de 1945, con 47 años.
Supuso una gran pérdida para la localidad, por considerarse persona de gran honradez y propietario de la firma "Casa Diego Gómez", fábrica de alpargatería.
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En 1953, la sociedad figuraba ya como Emilio Diego S.C. Emilio Diego Gómez, era sucesor de Viuda de Francisco P. Morante.
También estaba Mateo Valverde, con fábrica de alpargatas, zapatillas y almadreñas, con el teléf. 50.
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En el año 1954, seguía como fábrica de alpargatas Sucesores de Emilio Diego (S.R.C.), con la especialidad en las vulcanizadas con llanta de avión. Eran cómodas, flexibles y livianas.
Tenía dependencia en Santander, en la calle Castilla, 9 teléf. 4648 y en Astillero, el teléfono 40.
Y la de Emilio Aguilera, S.A., que era fábrica y almacén, con el teléf. 47.
Otra, como zapatillas Valverde, que ya se consideraba como almacén.
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En estos años 50, existía la fábrica de José Abad Martinez, de piso de goma y yute, y teléf. 19. en la calle Prosperidad
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Por los años 70, todavía existía Emilio Aguilera, S.A., con almacén de calzado y fábrica de alpargatas, en la calle San José 31.
Tenía la exclusiva de calzado EYA.      
El 6 de febrero de 1975, sufrió un incendio el edificio de propiedad de Emilio Aguilera, donde estaba la planta baja ocupada por su almacén de calzado. calle San Jose 31
Y otra antigua, como Almacenes Diego, en calle San José, 26, con venta de calzado al por menor.
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Tanto Emilio Aguilera como Almacenes Diego, siguieron con sus comercio de venta de calzados, hasta los años 80.
Estos últimos industriales, fueron los primeros que se instalaron en el pueblo de Astillero, cuyos negocios fueron sucediéndoles sus herederos.
Todas estas fábricas, llegaron a conseguir una importancia industrial para el pueblo de Astillero, que durante distintos años, dieron trabajo a los vecinos del municipio, llegando en los años 30., a superar a 400 empleos directos y a otros indirectos que venían trabajando desde sus casas en fabricar alpargatas contratadas por estos patronos.

Tampoco debemos olvidar, al comercio de calzado, que tantos años, estuvo en la calle San José, nº 2, MARGUT.

En cuanto a zapaterías, en el año 1960, existía, Zapatería Zalama, dedicado a la reparación de calzado.





En homenaje a estas grandes mujeres, que trabajaron con gran ahínco durante años, en situaciones difíciles, para mantener los ingresos familiares.
Quisiera pedir colaboración para poder hacer una relación de todas ellas, con sus nombres.
Aurora Lorenzo................................................................