jueves, 19 de junio de 2014

DESMARAIS HERMANOS







Fue el 29 de agosto de 1.923, cuando Astillero se encontró con un peligro eminente, nada menos que seis millones de litros de gasolina almacenados en los depósitos de la fábrica de petróleo que los señores Desmarais Hermanos tienen en la localidad de Astillero, donde por la tarde de este día y a las dos y media aproximadamente se declaró un gran incendio.

Un verdadero milagros, que no tuvo que lamentarse Santander de una de esas catástrofes de la que forman época en la historia triste de los infaustos acontecimientos.

La serenidad del personal y obreros de la fábrica, que trabajaron denodadamente en la extinción del fuego, y las acertadísimas disposiciones del jefe del Cuerpo de bomberos voluntarios y concejal del municipio, don Angel Díaz, a la vez que el disciplinado trabajo de éstos y el eficacísimo concurso de la benemérita y fuerzas de carabineros que acudieron desde los primeros momentos, contribuyeron a evitar la catástrofe, que de otro modo hubiera ocurrido.

La labor plausible de los elementos mencionados pudo localizar el incendio y extinguirlo, hasta el extremo que cuando en el lugar del suceso hicieron acto de presencia los Cuerpos de bomberos municipal y voluntario, de Santander, con todo el material de incendios y sus respectivos jefes, señores Cabrillo y Botín, al frente, no hubo necesidad de utilizar sus servicios.

A la entrada de la fábrica existían tres tanques o depósitos de gasolina que periódicamente se encargaban de llenar un auto-camión cisterna.

Ese día, a las dos, estaba llenando el tanque central el auto-camión cisterna S-865.

Parece ser que una chispa del motor fue a prender en el chorro de derivación al tanque, originándose entonces el incendio.

El conductor del camión se retiró rápidamente al notar que la gasolina comenzaba a inflamarse. Algunos obreros arrojaron arena sobre el camión, impidiendo el fuego en él.

Pero el incendio se había propagado al depósito, inflamando la gasolina, que corrió como un río de fuego hasta una distancia de veinte metros, calcinando un montículo de piedra que encontró al paso y prendiendo en el tejado del pabellón inmediato, donde trabajaban treinta y ocho mujeres viudas que se dedicaban a las tareas de llenar bidones de gasolina.

Del pabellón se sacaron cerca de cuatrocientos bidones de gasolina, no pudiendo evitar que ardiesen algunos.

Con gran actividad los bomberos, guardias civiles, carabineros y personal de la Empresa, a cuyo frente trabajaba su director, don Gabino Jimenez, enchufaron las mangas de riesgo en las cañerías de la fábrica y se comenzó a refrescar los depósitos que estaban recalentados, arrojando abundante cantidad de arena sobre las brasas de la gasolina y agua a los tejados del pabellón, que quedaron destruidos.

Las mujeres del pabellón incendiado ayudaron también a la extinción del siniestro, sacando cajas de gasolina fuera del alcance de las llamas.

Se quemaron las existencias del tanque central y algunas que había en el de su izquierda, quedando intacto el de la derecha.

De los 22.000 libros de cabida que tiene el referido tanque, ardieron unos 10.000 que tenía aproximadamente al iniciarse el fuego.

A la hora y media de comenzado el incendio, fue sofocado por completo.

En los trabajos de extinción se distinguieron, entre otros, el obrero Angel Castillo, que fue de los primeros que dio la voz de alarma; Cesáreo Pérez, encargado de cargar el tanque; el cabo de la benemérita del puesto de Astillero, don Gregorio Alonso e individuos de dicho Cuerpo, Vicente Mata Ramila, Orencio Pozas López, Isidro Gutiérrez Arenas, Recaredo López Antolín y Jacinto Malagón y los carabineros, Juan Sanz Villalba, cabo Victoriano del Pozo e individuos como Jesús Pérez, Ricardo González, Enrique Silió y Antolín Lozano.

No ocurrió más incidente, que el haberse caído desde poca altura el bombero, Mateo Giráldez, que, afortunadamente, resultó ileso.

Se consiguió a fuerza de trabajo y de actividad que el fuego no saltarse a los depósitos inmediatos que a espaldas del incendiado existen llenos uno de éter y los otros de gasolina de la que se emplea en la aviación.

Estuvieron presentes en el lugar del siniestro el Gobernador Civil, el alcalde de Santander, el teniente coronel de la benemérita, donde Manuel Tejina y los concejales señores Rosales, Polvorinos, Rodriguez, Ontavilla y Torres.

También estuvieron el concejal de Astillero, señor Cagigas y el director de la fábrica vieja, inmediata a la del siniestro, don Alejandro Hanquet, que acudió desde los primeros momentos, prestando auxilios eficacísimos.

Leyendo esta noticia, puedo pensar que Astillero se salvo de una gran hecatombe, que hubiera pasado de el fuego se hubiera extendido a los diferentes tanques y hubiera encendido y explotado todos ellos.

También en nuestra memoria podríamos decir los que  han y hemos vivido cerca de estas fábricas de petróleos y posteriormente de la fábrica de Campsa, la suerte que se ha tenido, que si en algunas ocasiones han existido alguna alarma, nunca se ha llegado a producirse ninguna incidencia lamentable.







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