domingo, 27 de julio de 2014

GUARNIZO Finca de Juenga




Casona actual de la finca de Juenga




El día 28 de enero de 1.954, hubo un suceso en Guarnizo, que tuvo mucho misterio.

Un hombre había sido hallado muerto. Se trataba de don Edmundo Fernández Alvarez, de cincuenta y cuatro años de edad y viudo con dos hijos.

Era el encargado/administrador de la finca de Juenga, propiedad de la excelentísima señora Marquesa de Campo Real, viuda del Conde de Cimera.

La ausencia de dicho señor de la casa familiar, preocupó a sus hijos, por su tardanza en regresar y comenzaron a las averiguaciones necesarias para dar con su paradero.

Suponiendo que pudiera encontrarse en la casa de labranza de la finca, a ella se dirigieron sus hijos.

La casa se hallaba cerrada por dentro y desde una de las ventanas de la planta baja vieron a su padre metido en la cama, como si estuviera dormido.

Para penetrar en dicha habitación tuvieron que romper los cristales de dicha ventana y al entrar en ella a los gritos de ¡papa! ¡papa! y ver que no respondía se acercaron al lecho, contemplando con horror que su padre estaba muerto.

Presentaba una herida de arma de fuego en la región parietal y a poca distancia fue encontrada una pistola de calibre 7,65.

Comunicado por la Guardia Civil el hecho a la autoridad judicial de Santander, quienes se trasladaron a Guarnizo el magistrado juez de instrucción número 2, don Aurelio de Llano Garrido, el médico forense don Ricardo Pelayo Guillarte y el oficial criminalista don José Gil Sánchez, acompañados de agentes del Cuerpo General de Policía.

Cumplidos los trámites de rigor, parece ser que el médico forense estimó necesario que el cadáver fuese traído al depósitos de la Casa Salud de Valdecilla para hacerle la autopsia.

Según parecía, pudiera tratarse de un asesinato.

A las veinticuatro horas del hallazgo de don Edmundo Fernández, muerto de un tiro en el parietal derecho, ni una sola pista existía que pueda esclarecer el misterioso suceso.

La autopsia verificada en la mañana de ayer, tenia reservada una gran sorpresa: parece que la bala extraída de la cabeza no corresponde al calibre de la pistola hallada en el colchón sobre el que descansaba el cadáver. Técnicamente, parece poco probable que pueda haberse hecho disparar una pistola conteniendo una bala que no era de su medida.

La autopsia ha precisado, además, que la víctima no había luchado por defender su vida; ninguna señal de violencia. La bala penetró en la región temporal derecha a bocajarro con dirección oblicua al lado izquierdo, destruyó los centros nerviosos y produjo una gran hemorragia interior. La muerte llegó instantáneamente, sin agonía de ninguna clase.

Podría decirse que se trata de un suicidio si no mediaran misteriosas circunstancias en torno a la muerte de Edmundo Fernández. Parece ser que el cadáver estaba tapado con una manta la altura de los hombros, conteniendo en las manos una pistola del 7,65. La gorra, echada de un lado, ocultaba el orificio de entrada de la bala.

Así encontraron a Edmundo Fernández las primera personas que, tras violentar la única puerta de acceso a la habitación, penetraron en ella.

Una investigación más minuciosa permitió, ayer por la mañana hallar otra pistola en un armario, de 6,35 milímetros con señales inequívocas de haber permanecido abandonada durante mucho tiempo. En un cajón, algunas monedas de oro y una importante cantidad de billetes de la última emisión. De haber sido asesinado Edmundo Fernández, no parece que el móvil tenga que ser atribuido a un robo.

Don Edmundo Fernández, era un hombre muy estimado en la localidad, porque la comitiva que le acompañó hasta el cementerio de Parbayón estaba integrada por más de un millar de personas y una veintena de automóviles, algunos de ellos llegados de Santander.

Antes de ingresar el cadáver en el cementerio se produjeron penosas escenas de dolor entre los familiares de la víctima, tan misteriosa como trágicamente desaparecida.

En una de cabañas de la finca, la peor, más incómoda y fría de sus habitaciones hacia su vida, Edmundo.

El jardinero de la finca, Vicente Preciados, le había oído decir: Esta noche no he podido dormir ni un poco. No sé qué me pasa. Cualquier día me pego un tico y acabo de una vez...

Todo el suceso de Guarnizo está lleno de contradicciones. No parece natural atribuir estas palabras a un hombre que, en la opinión general de las gentes, era una persona optimista por el buen desarrollo de sus negocios. Tenía un espíritu jovial y todo el pueblo le estimaba. Muy pocos son los que creen que se ha suicidado.

Nieves Garcia, dueña del Bar La Frontera, donde cenó Edmundo la noche del domingo en que fue visto por última vez en el pueblo, dijo al periodista:

Francamente, esa noche no lo notó nada extraño. Sin embargo, otras muchas personas como yo, habían advertido que Edmundo no era el de años anteriores, jovial, simpático y comunicativo. Se había vuelto meditativo y silencioso. No, no era "Mundo" el mismo.

En el propio comportamiento de la victima hay cabos sueltos difíciles de atar. Exteriormente Edmundo se exhibía como un hombre correctamente, vestía sulcro y arreglado. Y, sin embargo, la casa que ocupaba reflejaba un descuido indescriptible, la cama sin sábanas, con una delgada manta de algodón como única ropa: las sillas ocupadas por montones de periódicos cubiertos de polvo; la mesa y la mesita, conteniendo innumerables papeles, cuadernos y anotaciones en un desorden absoluto.

Edmundo Fernández era un aparcero de la finca de la marquesa de Camporreal, pero últimamente las cosas habían cambiado por deseo de la propietaria de la finca, que había rescindido el contrato.

Pero el muerto no parecía estar acosado por los problemas económicos. Se dice que frecuentemente hacía préstamos sin exigir recibo. Detalle interesante: de el cuaderno de anotaciones ha sido arrancada una hoja en la que quizá pudiera haber escrito algo importante. Vale la pena de que insistamos sobre este cuaderno. En él parecen huellas digitales impregnadas de sangre reciente ¿Son los dedos del muerto o los de otra persona?. Edmundo ha tenido infectada una mano y se atribuyen las huellas a la sangre vertida por su propia herida. Pero habrá que confirmar estos extremos.

He aquí un suceso que ha sido calificado por el señor Juez de Instrucción, don Aurelio de Llano, como "extraordinariamente complicado, el más difícil que se me ha presentado hasta ahora".
Porque si es bien cierto que algunos por menores harían pensar, en un suicidio, muchos otros hay por creer que en la muerte de Edmundo Fernández existe una mano homicida.

¿Suicidio? ¿Asesinato? Los dos interrogantes que rodean el misterioso suceso de Guarnizo no han tenido, hasta ahora, aclaración. Se saben muy pocas cosas más, en torno de la trágica muerte y, desde luego, ninguna de ellas agrega elementos importantes al esclarecimiento del drama.

Los peritos armeros han comprobado ayer, que el calibre de la bala que mató al aparcero de Guarnizo, correspondía a las características de la pistola encontrada entre las escasas ropas que cubrían su cuerpo. Y, una investigación posterior, ha permitido confirmar la propiedad del arma, que pertenecía al muerto.

Es decir, todos estos capos sueltos parecen indicar la posibilidad de un suicidio. Y las actuaciones judiciales hubiesen terminado rápidamente, si no mediaran otras extrañas circunstancias que ensombrecen el desarrollo del suceso. Los primeros en penetrar en la habitación ocupada por el muerto, encontraron a éste tapado con la mata hasta el hombre, con la gorra cubriéndole la región temporal derecha y la pistola entre las manos, bajo la manta. Si Edmundo decidió poner fin a su vida ¿quién penetró en la habitación para tapar su cuerpo y cubrir con la boina el orificio originado por la bala?

Los criados de la marquesa de Camporreal, han declarado ante la policía. No oyeron nada, no vieron a nadie, no supieron de la muerte de Edmundo, hasta que su cuerpo fue descubierto por el Juzgado municipal de Astillero, el médico y la Guardia Civil.

El aparcero de Guarnizo, iba de dejar de serlo próximamente. La marquesa había encargado a su representante, en Santander, que manifestara a su arrendatario sus deseos. Pero dándole toda clase de facilidades, pidiendo que fuese él quien propusiese la fórmula económica que cancelase el contrato.

Edmundo Fernández no tenía, aparentemente, motivos para quitarse la vida. Poseía un espíritu jovial, era un hombre sociable y comunicativo y no parece que se dejase abatir demasiado por las circunstancias adversas. Hacía cuatro años, pasó por una crisis económica y moral que superó rápidamente.

No es posible creer que el móvil del crimen -de haber éste existido- hubiera sido el robo. Porque en los cajones de su habitación había dinero y en su armario, unas monedas de oro que han sido halladas por la policía.


De las investigaciones, había otro dato que llamaba la atención, es la ausencia de colillas en la habitación. Edmundo Fernández era un fumador empedernido, que consumía un par de cajetillas al día. Es lógico pensar que, de haberse suicidado, este hombre hubiera incluso horas antes, sufrido una crisis nerviosa muy propicia al uso del tabaco. No había rastro de haberse fumado antes.


Otra pregunta que se hace los investigadores, ¿qué hizo este hombre en Santander? el lunes.

De este suceso ocurrido en Guarnizo, quienes lo vivieron muy directamente, fueron mis abuelos, que vivían junto a la finca de Juenga y conocían personalmente a "Mundo"





En el grupo señalado con X don Edmundo Fernández
                                                  


Momento del entierro de don Edmundo Fernández en Guarnizo
                                               








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