sábado, 11 de junio de 2016

EL GALLO petrolero




"El Gallo" en Astillero



En 1890, el capitán Gonzalo Abad regresó a Santander, vivía entonces en la calle de Méndez Núñez y estaba casado con doña Paulina Gómez y Barreda, de la que tuvo cinco hijas: Paulina, Soledad, Crisanta, Angela y Clementina.

A raíz de su llegada a casa volvió a ser contratado por otra naviera montañesa: La compañía de Desmarais Fréres, propietaria de la refinería de petróleo del Astillero, la primera de España inaugurada en 1880. Gonzalo mandaba el primer vapor de su flota, un minúsculo buque-tanque llamado Valeria, que se había construido en Bristol en 1881 por Hill & Sons, para la casa Cuthbert, Hancock & Có. de Londres. Tenía 36,77 metros de eslora, 6,6 de manga y 3,37 de puntal, cargando unas 260 toneladas. Tenía casco de hierro y máquina de triple expansión, lo cual era un buen adelanto para aquellos días.

El Valeria se iba en lastre de Santander al Mar Negro y regresaba con el petróleo crudo a granel hasta la machina de madera de la factoría astillerense.

El 23 de agosto de 1892, el capitán Abad se traslada a Newcastle, con el fin de hacerse cargo del nuevo petrolero que estaba construyendo la compañía Desmarais en Inglaterra, y que va a llamarse EL GALLO.

Se armaba en los astilleros de Armstrong Mitchell; iba a tener 682 toneladas de arqueo con poco más de carga; con 52 metros de eslora y una máquina de vapor a popa, con una sola caldera. Abad tomó el mando del buque, obtuvo el pasavante consular y salió para Santander con el nuevo tanque para la matrícula.

Momento que empieza una segunda etapa en la vida marinera del capitán. EL GALLO y su capitán alcanzan enseguida una celebridad local sin precedentes. Los viajes ininterrumpidos de Santander a Batum en aquella diminuta palmatoria con la línea de flotación en cubierta constituyen un poema del bien navegar y de la buena suerte marinera. EL GALLO, con su puente convertido en pajarera gigante, porque la gran chifladura de Abad eran los pájaros, llegaba con su cargamento negro y regresaba en lastre desafiando los tiempos infames de la cosa gallega y las cerrazones del Estrecho. En Odesa, según él mismo contaba, compraba don Gonzalo los guantes gigantes en que enfundaba sus manazas de oso, asombro y respecto de toda la marinería mercante. El capitán pejino de los largos bigotes era ya una pintoresca institución en la ciudad.

Al año de la puesta en servicio de EL GALLO se produjo en Santander la catástrofe del Cabo Machichaco. Gonzalo Abad perdió su casa y su ajuar en la hoguera enorme de la calle Méndez Núñez. Su nuevo hogar se abrió desde entonces en El Astillero, terminal segura de su buque, y en la calle de Fernández Hontoria, junto al estanco de Monar.

En los comienzo del mes de Abril del año 1895. EL GALLO, largaba amarras y dejaba la ría de San José; su capitán hizo sonar el silbo despidiéndose de los suyos. El invierno se prolongaba y no terminaban aquel año las borrascas atlánticas.

Desde la Estaca, el diminuto petrolero montañés fue un juguete de los mares que lo azotaban sin piedad.

En uno de los viajes de EL GALLO que venía corriendo en popa -una notable especialidad maniobrera del capitán Abad- como una centella desde Sagres a Trafalgar, en una carrera loca de espumas. coincidió con la derrota del Regente, pero que no le llegaron  a ver.

El barquín montañés de las setecientas toneladas recaló el Estrecho medio destrozado; un golpe de mar encapillado traidoramente por la alerta, le destrincó un tanque de agua dulce que, proyectado sobre la cubierta, alcanzó al piloto don Manuel Sánchez "el Mulato" también vecino de Astillero, cuando efectuaba el relevo de guardia y lo rompió una pierna. Gonzalo Abad, que llevaba tres días sin comer ni dormir de pie en el puente, animaba en las arfadas a su pobre barco.

El 11 de abril de 1895, Gonzalo Abad, fue el único e inconcebible testigo, sin él, saberlo de la tragedia del Reina Regente.

Poco tiempo le quedaba ya entonces de vida a EL GALLO como tal buque tanque. En 1902 se marró en Bilbao y, transformado en buque de carga seca, pasa a la Sociedad Minera Cántabro-Asturiana. El día mismo en que quedó atracado en la Ría, Abad se desembarcó y se vino a su casa.

Hacia 1904, cuando ya los barcos se iban quedando pequeños, EL GALLO es transformado en buque de carga seca y, a continuación queda amarrado en disposición de venta. En 1907, pasa a integrarse en la flotilla de la Sociedad Minera Cántabro Asturiana del Banco Mercantil y en 1914, lo adquiere D. Fernando Pereda Palacio, quien lo maneja durante un año hasta que pasa a poder de D. Juan Corea en 1916 y finalmente en 1917, sale de la matricula para ir a la de Bilbao con la naviera de Navajas. En 1925, baja al Mediterráneo, se rebautiza como JAIME B. y acabo sus días, naufragando en 1935.




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