viernes, 14 de septiembre de 2018

LAS CORCONERAS en sus viajes a ASTILLERO





Vista del embarcadero de Astillero con una Corconera al fondo



(postal propiedad de Ricardo Vega)

Embarcadero en Santander del servicio de las Corconeras a Astillero









En la bahía de Santander, desde hace muchos años, hasta la llegada de los vapores Corconeras, que se iniciaron en el año 1877, el servicio marítimo de pasajeros y transportes era efectuado por diferentes embarcaciones, botes, lanchas de pesca, pinazas y otros barcos de más categoría en sus horas o días libres eran aprovechados por sus propietarios para conducir pasajeros a los pueblos ribereños, creciendo el número de competidores los domingos o por motivo de excursiones y romerías.

Los más conocidos por grado de importancia eran el remolcador Hércules (que años más tarde fue comprado por La Corconera), el Carlitos y Santander, vaporcitos propiedad de don Carlos Saint Martin.

Para contrarrestar aquellas irregularidades efectuadas en continua anarquía de puntualidad a la salida y regreso, don Juan Gutiérrez Colomer, antiguo veraneante en El Astillero, al que profesaba gran cariño, proyecto la creación de una línea regular de vapores entre el pueblo de Astillero y la capital, recibiendo inmediatamente la colaboración de sus íntimos amigos, los hermanos Tijero y Cordero, nacidos en aquel lugar. Venancio el mayor de ellos, soltero y alcalde del pueblo, se animo en su intento y prometió por el cargo apoyarle en toda empresa que supondría mejoras para su ayuntamiento.

Don Juan organizo la sociedad que se denomino LA CORCONERA, a la que dio carácter familiar y de amistad íntima con el resto de los componentes de la sociedad. Por esa razón, interesa en ella, en primer lugar, al ingeniero don Felipe Sánchez Díaz, casado con la hija de doña Ascensión Gutiérrez Colomer, su hermana.

Interviene también como accionista otro pariente, don Joaquin Bolado Ibarra, casado con la hermana de don Felipe. Don Joaquin, de elevada posición económica, llevaba el mayor paquete de acciones, pero tiempos después, por reveses inoportunos de banca y bolsa, tuvo Gutiérrez Colomer que hacerse cargo de todas ellas, quedando por este motivo con mayoría absoluta.

Don Alberto Gutiérrez Vélez Dosal, es igualmente otro socio familiar, hermano de doña Francisca, esposa de don Juan. Este cuñado fue inseparable en sus negocios. Su hijo, don Enrique Gutiérrez G. Colomer, es nombrado representante de la empresa Corconera.

Fueron además accionistas el mencionado con Venancio Tijero, don Felipe Quintana, marqués de Robrero, también íntimo del organizador. Otros socios, fueron don Leopoldo Pardo, don José María Aguirre y don José Pérez Carral.

Una vez constituida la Sociedad, don Juan Gutiérrez Colomer, es nombrado Presidente del Consejo de Administración, don Felipe Sánchez Díaz, Ingeniero de la Empresa y por último, don Venancio Tijero, Director-Gerente.

Con calculada prudencia, comenzó LA CORCONERA su organización, adquiriendo solamente dos barcos para con ellos aclarar la incógnita del éxito o fracaso. Se los bautizó con los nombres de Corconera nº 1 y Corconera nº 2.

El Corconera nº 1, había sido propiedad de don Eduardo López Dóriga, que lo utilizaba como barco de recreo, con el nombre de Matilde. Fue reformado en los Talleres de San Martin. De veintiséis toneladas y con un cupo máximo de 97 pasajeros autorizados por la Comandancia de Marina.

El Corconera nº 2, totalmente nuevo, comprado en Nantes y con la asignación fijada en ciento treinta pasajeros.



La Inauguración fue el 28 junio de 1877, los dos vaporcitos dieron comienzo el servicio al público.

En ese día de la inauguración, no cesaron de ir y venir los Corconeras repletos de personas el servicio de Santander a Astillero.

Además de La Corconera, otros dos vapores de la competencia llamados Empresa Santander no cesaron de hacer viajes de ida y vuelta hasta bien entrada la noche. También bastantes expedicionarios en lanchas y algunos carruajes, y a pie, por la parte de la estación. Se bailó en la fonda, en todos los rincones del pueblo, y en la Planchada se improvisó un baile con la música de la Casa de Caridad, que duró hasta la noche.

Al regreso, los forasteros que acudieron a la fiesta, comentaban en la popa del barco que les conducía a Santander, la grata impresión que les había producido el bonito viaje a Astillero, visto desde el Lazareto y mucho más, el que veían desde el Muelle rielando sus luces sobre el agua cuando ya se acercaban al desembarcadero.

El Astillero había sido el punto predilecto, los expedicionarios venían de este nuevo servicio sumamente satisfechos.


PRIMER CUADRO DE SERVICIOS
La Corconera
Línea de vapores entre Santander y el
Astillero de Guarnizo.
Horas de servicio
Por las mañanas, salida de Santander a
las 7, 8, 9, 10 y 12. Salidas del Astillero,
a las mismas horas por otra Corconera,
cruzándose ambas en mitad del trayecto.
Por las tarde, salidas de los vapores a las
mismas horas desde Santander y el Astillero,
con el horario 2, 3, 5, 6, 7 y 8.
Precios de pasaje
1." clase : 2 reales. 2." clase: 1 real.
Abonos, el 25 % de rebaja. Transporte de
efectos y servicio a domicilio: precio
convencional.
El precio del flete, adelantado.


Durante el verano de julio de 1877, se duplicaron los viajes a Astillero, para llevar y traer gente que acudían a la Planchada, donde era tal la afluencia de jóvenes con ganas de divertirse que se hicieron bailes improvisados con la actuación de unos músicos que habían llegado de Torrelavega, alternando con los violines y guitarras de los Ciegos.

En uno de los viajes frente al muelle de la Monja, uno de los vapores arrolló a un bote que se cruzaba por delante, conduciendo a doce soldados de los que iban a Cuba, se fue a pique la lancha, con los doce soldados al agua.



El 30 de mayo de 1878, a primera hora de la tarde, salía para El Astillero el vapor Corconera nº 2, atracado momentos antes frente al café Suizo, para recoger con más comodidad a los invitados. Engalanado con guirnaldas de laurel y flores, conduciendo a su bordo comisionados de las corporaciones civiles, militares y eclesiásticas, representantes de prensa e invitados, para asistir a la inauguración de las obras de las escuelas para niños y casa consistorial.

Dos botes de la goleta "Consuelo" eran llevados a remolque, transportando en ellos al comandante de Marina y comandante y oficiales de la mencionada goleta de guerra.

Al llegar a Pontejos, el viaje no continuó tan feliz para estos últimos, pues las nubes empezaron a descargar agua.

En Astillero, fueron recibidos con repique de campanas por el alcalde don Venancio Tijero, concejales y cura párroco. Embarcadero y carretera estaban adornadas con gallardetes, perchas y follaje. Como la lluvia molestaba demasiado, se activó la ceremonia de bendición.

A continuación, en la fonda del Cid, en La Planchada, de los señores Regatillo y Llaguno, se sirvió un lunch.

El alcalde, dio terminado la fiesta y se dirigió con la comitiva hacia el Corconera nº 2, cuya empresa mereció los elogios y simpatías de todos, expresando don Venancio el agradecimiento del Astillero por el aumento considerable de los pasajeros en su viaje a Astillero.

Mientras que desde la Planchada se dispararon cañonazos y en el aire hacían explosión los cohetes.

El 10 de junio, se estreno en el viaje a Astillero, el nuevo vapor Corconera nº 3, adquirido recientemente. Era un elegante barco con fuerza de cuarenta y cinco caballos, con 22 metros de largo y 4 de manga y podría conducir cerca de 300 pasajeros. La maquinita que llevaba instalada producía un haz de luz eléctrica para alumbrar a distancia de 1.500 metros y poder observar por este medio los objetos que se presentarían de noche por delante de proa. Tenía dos cámaras, una a proa para 60 viajeros y otra a popa, de 40, cómodamente sentados.

En su primer viaje a Astillero, traslado gran número de amigos de la sociedad.

Los Corconera 1, 2 y 3, no cesaron de hacer viaje durante aquel verano de 1878 al Astillero, transportando miles de personas, que fue preciso llevar pinazas a remolque para mayor cabida de pasajeros.

La número 3, con motivo de la inauguración en Astillero de la fonda de los Vapores, de Manuel Goyechea, estuvo a disposición de los invitados, y en el viaje de regreso, a modo de gracia decían: "bullían las calderas de los estómagos repletos de combustible y se vieron varias "merluzas" tiradas en cubierta".

En agosto de 1878, el Corconera nº 1, en su viaje a Astillero, sufrió un accidente con una fuerte detonación que impresionó a los viajeros y causó gran incertidumbre. Arrojándose tres individuos al agua, quienes se salvaron poniendo pie en tierra.

El patrón del vapor puso inmediatamente rumbo hacia tierra, mientras sus ayudantes retiraban los fuegos del horno para evitar el peligro de explosión de la caldera por rotura de un tubo. Al quedar sin movimiento, fue remolcada por el Corconera nº 2, hasta el muelle.

Para dar finalizado la temporada y conmemorar el éxito del servicio de viajeros al Astillero, la empresa La Corconera, reunieron a todos los protagonistas en la fonda de los Vapores, donde celebraron una comida con el esmero y gusto con que lo hacía siempre.



El 3 de abril de 1879, regresa de Madrid el alcalde de Astillero y gerente de la Corconera, don Venancio Tijero Cordero, donde se había sorprendido una enfermedad, falleciendo el 28 de mayo de 1879. Había sido un alcalde ejemplar y entre los beneficios que proporcionó a su Astillero fue conseguir, por su mediación con don Juan Gutiérrez Colomer, el establecimiento de la línea de vapores de utilidad y recreo llamada LA CORCONERA.

La empresa, en memoria y agradecimiento a su interés en favor de La Corconera, nombraron gerente a su hermano, don Tomás.

El 22 de junio de 1879, a las cuatro y media de la tarde, salió del muelle el vaporcito Corconera nº 4, con el objeto de hacer una expedición inaugural de prueba, donde se dirigieron a la Magdalena, de allí al Puntal, luego Pedreña, deslizándose después por toda la costa sur de la bahía, para entrar en la ría de Tijero, llegando a El Astillero.



Por junio de 1880, la empresa La Corconera había conseguido llegar sus vapores hasta San Salvador, habiendo vencido todas las dificultades y terminado de construir el embarcadero para el atraque de las Corconeras en ese pueblecito. La tarifa de precios de este nuevo servicio, eran de tres reales en "primera" y dos reales en "segunda".

En junio de 1880, se inauguraba Gran Fonda, situada al pie del muelle desembarcadero de los vapores Corconeras, bajo la dirección de Francisca Puerta, viuda de Aja, con local restaurant independiente a precios módicos, con fama sus guisos.

En octubre de 1880, la cámara de "primera" del vapor Corconera quedó cuidadosamente preparada, al fondo un pequeño crucifijo, los cuatros grandes cirios puntualizando el cuadro bien sujetos, para prevenir los movimientos bruscos del barco, y por último el suelo cubierto de lujosa alfombra completaban la severa ornamentación de la cámara mortuoria dispuesta para recibir los restos mortales del fallecido, don José Maria Orense. que fue trasladado a la capital.

Al llegar a Santander, fue despedido el duelo en el mismo embarcadero de la empresa La Corconera, mientras un coche fúnebre se llevaba el féretro del ilustre hasta el cementerio de San Fernando.



En la popular romería del 15 de agosto de 1883 en Astillero, la empresa de los vapores había expedido quince mil quinientos cincuenta y seis billetes de ida y otros tantos de vuelta por la tarde, a pesar de la aglomeración el servicio se hizo con normalidad.



En 1 de agosto de 1886, cuando más atestado estaba la gente que venía a Santander para presenciar la corrida de toros, sin duda por la aglomeración de personas se rompió uno de los tramos del puente-embarcadero de la empresa Corconera en El Astillero.

Unas quince personas cayeron al agua, sin que, salvo leves contusiones hubiera que deplorar desgracias. En la fonda de Los Vapores fueron asistidos los náufragos enviados por la empresa, secados, planchados y alimentados.



En noviembre de 1888, soplaba el sur en la ría, a pesar de los consejos que les dieron, tomaron un bote dispuesto a venir a Santander. Uno de ellos fue el fogonero de La Corconera, Casimiro Berdiel, los otros tres, un capataz y dos operarios empleados en las obras del nuevo ferrocarril a Solares.

El fogonero iba remando con los otros tres y de pronto zozobró el bote por la fuerza del viento, precipitando al agua a los cuatro hombres. Fogonero, capataz y un compañero pudieron asirse a la embarcación, el otro, a nado, logró llegar a tierra.

Esto es lo único que se supo por el salvado, después quedó en el misterio eterno lo ocurrido a sus compañeros. El bote fue encontrado frente a San Martin. El capataz y operario eran vecinos de Pontejos.

Al mes siguiente apareció en el mar, frente al promontorio, el cadáver del empleado de La Corconera. Días después, en la Magdalena, el de José Bahamonde (capataz). Del tercero nada se volvió a saber, suponiendo que las corrientes le llevaran fuera de la bahía.



El 30 de noviembre de 1889, El Hércules remolcó a la fragata americana Robert Dixon hasta El Astillero y ajustó su importe en libras, cincuenta esterlinas.



El 15 de agosto de 1890, los Corconeras trasladaron a muchos viajeros a la romería del Astillero, en una de ellas, terminó a linternazos entre astillerenses y santanderinos, que tuvo que intervenir la guardia civil y carabineros.

Desbandados los combatientes al final, los de Santander, se refugiaron perseguidos por la guardia civil en el Corconera que iba a emprender el viaje a la ciudad. En el vapor no pudieron los guardias detener a ninguno.

De la refriega, ya por los sables, ya por sus propias armas blancas, resultaron heridos: Máximo Bolado, del Astillero, Aurelio Arenaga de San Salvador y algunos de Santander. A uno de los guardias se le rompió el sable por la hoja, dándose cuenta de todo al juzgado de instrucción.



En 1892, La Corconera regulariza el servicio entre Santander y El Astillero , efectuando siete viajes diario, otro al Cespedón y todos relacionados con el cuadro de horas del ferrocarril de Solares.

En noviembre de 1892, a la romería de San Jorge, la empresa de vapores anuncia viajes extraordinarios al Cespedón, al precio de setenta y cinco céntimos, ida y vuelta, en "primera" y cuarenta céntimos en "segunda".



En agosto de 1893, se celebra en la Comandancia de Marina oposiciones para cubrir una plaza de práctica en el puerto. Se presentaron nueve opositores y fue ganada por Vicente Madariaga, el célebre patrón del Corconera nº 6 (Hércules), héroe en incontables salvamentos.

Otro patrón, del Corconera nº 3, Anselmo Castanedo, también consigue en oposiciones y es nombre práctico de las rías de Astillero y San Salvador, con la nota de "muy bien".



En 1895, la empresa La Corconera, había anulado el pasaje con Astillero y atendiendo algunas presiones particulares, trato de reanudarlos restableciendo nuevo servicio con el horario de 8 y 12 por las mañanas y 4 y 7 por las tardes.

En mayo de 1895, llegó en el correo Alfonso XIII, procedente de La Habana, el general Calleja y en un Corconera se trasladó al Astillero, para, desde allí, desplazarse a su finca de Guarnizo.

Por octubre de 1895, al llegar el frio acompañado de lluvias, la mayoría de las personas optaban, como era lógico, por el viaje en tren que les era más confortable y la Corconera queda obligada a señalar una fecha notoria de sus viajes marítimos con el siguiente comunicado de la Empresa:

" La Corconera desde el 10 de octubre de 1895 ha suprimido definitivamente el servicio con Astillero"

Con esta definitiva ausencia, hubo muchos comentarios por unos y añoranzas para otros y, como muestra, quedan las coplas cantadas por jóvenes del Astillero.

Ya se fue La Corconera
que aquí arribó días mil,
ya no alegra la ribera
su silueta tan gentil
Adiós dijo al Astillero
al marchar a Santander.
Un adiós triste y sincero
i para nunca más volver !


La marcha señaló, para aquel concurrió lugar de Astillero, el comienzo de su declive como centro excursionista y veraniego.











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