domingo, 11 de octubre de 2015

PONTEJOS campo de aviación





(foto cedida por Angel Castillo)

A. del Castillo y E. Hermana en las marismas de Pontejos (campo de aviación) 




En 1928, el industrial de Astillero, don Casimiro Tijero Aguirre, que dirigía en  esa localidad unas instalaciones dedicadas a la construcción y reparación de buques, llegó a un preacuerdo con la firma alemana Junkers para construir en una planta anexa de sus talleres, aeroplanos comerciales y de guerra. Como campo de aterrizaje se habilitaría una gran finca en Pontejos, que posteriormente fue utilizada por aviones militares.

Ese mismo año, la Unión Aérea Española presentó un proyecto de líneas aéreas para el territorio nacional, en el que figuraba el trayecto Santander-Burgos, que enlazaría en este punto con el vuelo que debía cubrir el trayecto entre San Sebastián y Madrid. Aunque esta idea no se llevó finalmente a cabo, sirvió para alimentar las expectativas de la fábrica que se pretendía montar.

El momento elegido por Casimiro Tijero para llevar a cabo su proyecto era inmejorable, puesto que la dictadura de Primo de Rivera había hecho de la industrialización nacional uno de los grandes ejes de su acción de gobierno.

Sin embargo, presiones de quienes detentaban entonces el monopolio de la modesta industria aeronáutica española, dieron al traste con el intento del empresario astillerense.

El 15 de abril de 1928, la Unión Aérea Española presentó en el Ministerio de Trabajo un proyecto de líneas aéreas para España entre las que entraba, a título de ensayo, una que uniría a Santander con Burgos.

Esta noticia la trajo Casimiro Tijero el 20 de abril, a su llegada a Astillero, localidad de la que era alcalde y fue muy calurosamente acogida, ya que parecía una realidad, lo mismo que la fabricación de aeroplanos en sus talleres. Manifestó que se proponía enviar personal a Alemania, a las fábricas Junkers, para que se familiarizara con los métodos de trabajo de la industria aeronáutica.

Uno de los problemas con que tropezaba Casimiro Tijero para la realización de su proyecto era la falta de un terreno adecuado para instalar el aeródromo que necesitaría la fábrica de aeroplanos, por lo que inició las gestiones para la adquisición de una extensa marisma próxima a los astilleros. Mientras tanto, obtuvo de los señores Herrera Díaz-Velarde, propietarios de una finca grande en Pontejos, permiso para utilizarla como aeródromo, y en ella se realizaron pruebas de aterrizaje el 16 de julio, y siendo satisfactorios los resultados, se ofreció graciosamente para campo de aterrizaje de escuadrillas militares aquel verano, levantando el comandante Luis Riaño planos del terreno de los que se enviaron copias a los distintos aeródromos militares.

Muy pocos tienen conocimiento de que haya existido un campo de aviación en los terrenos de Pontejos, pero para confirmarlo he podido recabar información de algunos viajes de aviones que aterrizaron en ellos. El campo se encontraba situado en los terrenos que hoy ocupa Simsa y se le conocía como la finca de Prades.

El 16 de julio de 1928, a las cuadro y media de la tarde, procedente de Getafe, tomo tierra en la hermosa finca de la granja Herrera de Pontejos, un magnifico aeroplano militar, tripulado por el capitán Méndez, acompañado de su mecánico.

El aterrizaje fue un éxito. El señor Méndez y su acompañante fueron recibido por el personal y técnicos de los Talleres Metalúrgicos de Astillero y cordialmente por el director, don Casimiro Tijero.

El viaje del capitán Méndez, fue de inspeccionar los terrenos, quedando satisfecho del campo de aterrizaje y aludiendo que en breve llegarían escuadrillas de aparatos "Junkers" y de otras marcas de la aviación.

El señor Tijero, como alcalde y junto otras personas, despidieron por la tarde al señor Méndez que salió en vuelo de regreso al Aeródromo de Getafe.

El 21 de julio, llegaron al campo de Pontejos, dos sesquiplanos Breguet XIX, procedentes de Cuatro Vientos, tripulados por los comandantes, Franco y González Gallarza, uno, y los capitanes, Ruíz de Alda y Alvárez Buylla, el otro. Su propósito era visitar al Rey en la Magdalena y presentarle el proyecto del viaje alrededor del Mundo que estaban estudiando. En el aeródromo fueron recibidos por los señores Tijero y Arriola a quienes manifestaron las buenas condiciones que se encontraban las características del campo.

El 25 de julio, aterrizaron a las ocho de la noche, en Pontejos tres biplanos de caza, Nieuport 29 C-1, del Grupo nº 11 de Getafe, pilotados por el comandante Ortiz Muñoz y los capitanes, Roig y Bustamante de la Rocha, a quienes también gustó el improvisado aeródromo. Por aquellos días algunas avionetas civiles utilizaron asimismo el campo en vuelos desde Asturias y Guipúzcoa.

El viaje lo efectuaron, sin novedad, en dos horas y cuarto.

Un ingeniero de la Unión Aérea Española se trasladó desde Madrid para estudiar sobre el terreno su posible utilización por los trimotores Junkers G-24 postales. Reconoció el terreno en compañía de los señores, Tijero, Arriola y Casanova, encontrándolo en inmejorables condiciones de piso y nivelación, y de dimensiones más que suficientes para los aparatos militares y los monomotores Junkers F-13 postales, pero no para los trimotores que con sus 6.000 kilos de peso, necesitaban más espacio para el despegue. Decía en su informe que el terreno era sobrado en una dirección, con entradas despejadas en ambos sentidos, pero que en la otra resultaba demasiado justo por existir unas zanjas de drenaje que imposibilitaban el uso del resto de la finca, dedicado al cultivo.

Casimiro Tijero aseguró que dichas zanjas se taparían, pero los propietarios del terreno, que habían autorizado graciosamente el uso de él por los aviones militares, se negaron, naturalmente, a que se destruyese el sistema de avenamiento de la finca.

Los aviones de caza regresaron a Getafe el 1º de agosto, y el lunes 5, a las 12 de la mañana, llegaron tres nuevos Breguet XIX, pilotados por los capitanes González Gil, Castro Garnica y Pérez Pardo. El día siguiente 6, a las diez y media de la mañana,  aterrizó otra pareja de Breguet. Todos los aviadores que llegaban a Pontejos encontraban el aeródromo inmejorable.

Casimiro Tijero recibía siempre a los aviadores, a su llegada, como alcalde Astillero, pese a encontrarse Pontejos en el ayuntamiento de Marina de Cudeyo, pero tenía aquél la idea fija de que el aeródromo se denominara "Astillero", dentro de su plan de fabricar aparatos Junkers.

Una serie de circunstancias, entre las que tal vez fuera la más importante el interés de seguir detentando el monopolio de la modesta industria aeronáutica quienes querían ser únicos en España,. y se manejaban bien por los despachos de Madrid, frustro el intento de Casimiro Tijero.

En esos días el campo se encontraba animadísimo, los aviadores fraternizaban con los humildes campesinos. Los barqueros del pasaje atendían cortésmente al gentío que llega a Astillero en tren para ver a los aviones aterrizados.

El 1 de julio de 1930, llegaron a Santander dos escuadrillas militares de aviación y al no poder aterrizar en la Albericia, por no estar el campo de tal nombre en condiciones para tal fin, tuvieron que elegir el aterrizaje en Pontejos.

Este campo, el año pasado fue arreglado por Casimiro Tijero por su cuenta para convertirle en aeródromo.

El campo por esas fechas se encontraba en un estado impropio para el aterrizaje de aviones, con zanjas abiertas con destino al riego producía desigualdades en el terreno y, además, porque en él la hierba había crecido bastante. Los dueños de los prados estaban dispuestos a segarlos para la fecha que se anunciaba la visita de las escuadrillas. Pero quedaba por resolver la cuestión del arreglo del campo, que el año pasado costeó el señor Tijero.

Para poner en condiciones el terreno posible para aterrizar allí los aviones, tendría que hacerse cargo el Ayuntamiento de Astillero o el de Medio Cudeyo, en colaboración con la Diputación, para tenerle apropiado para su uso.

Este campo de aviación de Pontejos, desde 1928 estuvo operativo y han sido muchas las veces que han aterrizado aviones de distintas marcas y tuvo mucho movimiento en tiempo de la Guerra Civil.

Lo que no fue posible llevar a cabo en Astillero en 1928, se hizo realidad, aunque en una escala más modesta, 25 años después, cuando un grupo de aficionados a la aviación deportiva crearon una sociedad, con el fin de construir en La Albericia, una avioneta capaz de cubrir la carencia que había en España de este tipo de aeroplanos.

Fuentes de información: Alas sobre Cantabria de Emilio Herrera
                                     La Voz de Cantabria                                                  












                                            

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